El sueño americano está en peligro 250 años después: “La promesa de que, si trabajabas duro, triunfarás, se está erosionando” | Negocios

EE UU ha sido durante décadas el principal destino mundial para el talento. Con sus prestigiosas universidades, un mercado laboral dinámico y las promesas de movilidad social, el país ha servido de faro para los inmigrantes en busca de oportunidades. Sin embargo, esa percepción se ha puesto en cuestión.

Un número creciente de profesionales de todas las partes del mundo altamente cualificados se hacen una pregunta antes impensable: ahora que EE UU ha celebrado el 250º aniversario de su fundación, ¿sigue siendo el mejor lugar para construir un futuro? Las dudas se han intensificado a medida que la Administración de Donald Trump endurece las políticas migratorias —tanto legales como ilegales— y manifiesta hostilidad hacia algunos inmigrantes, incluyendo insultos racistas y acusaciones de que les roban empleos. El presidente ha propuesto restringir la llegada de personas provenientes del “tercer mundo” y ha afirmado que los inmigrantes indocumentados están “envenenando la sangre de nuestro país”.

Aquellos que ya están en el país y quienes consideran mudarse afirman que los cambios radicales en las políticas y la forma caótica en que se implementan, junto con un mercado laboral en declive para los trabajadores tecnológicos y los nuevos esfuerzos de otros países desarrollados por atraer a los mejores talentos, han obligado a reevaluar la situación. Si a esto le sumamos una burocracia que genera esperas eternas para algunos profesionales que buscan la residencia permanente, EE UU resulta mucho menos atractivo que hace una década. En mayo, el canciller alemán, Friedrich Merz, declaró que no recomendaría a sus hijos que se fueran a vivir a EE UU para trabajar o estudiar.

Los datos muestran el cambio. El porcentaje de personas que buscan empleo a escala mundial y que consideran puestos en Estados Unidos ha disminuido drásticamente en los últimos años, según la plataforma de contratación Indeed. En las universidades estadounidenses, la matrícula cayó casi un 20% al comienzo del último año académico. En los países de altos ingresos, solo alrededor de un tercio de la población tenía una opinión favorable de EE UU, al mismo nivel que China, según un estudio del Pew Research Center publicado el año pasado.

Un estudio de la plataforma de empleo Handshake reveló que la proporción de ofertas de trabajo a tiempo completo que ofrecían tramitar el visado se desplomó al 2,3% en 2026, aproximadamente una quinta parte del nivel de 2023, registrándose el mayor descenso en las empresas tecnológicas. Otro análisis de las visas temporales en 2025 concluyó que los adolescentes europeos tienen cuatro veces más probabilidades de obtener permiso para trabajar en un parque de atracciones de verano en EE UU que un estudiante de posgrado internacional de recibir una visa para trabajar en IA.

La política en torno a la inmigración de profesionales es compleja y el debate se acaloró aún más con el aumento de llegadas de personas sin papeles entre 2021 y 2024 durante la Administración del presidente Joe Biden. Eso provocó que la frustración por la afluencia de extranjeros acabara por extenderse a todo tipo de inmigración. Si bien la mayoría de los seguidores de Trump suelen oponerse a los flujos migratorios, algunos partidarios del presidente con una mentalidad más empresarial, como Elon Musk, han afirmado que es importante que EE UU siga atrayendo a los mejores talentos. La esposa del vicepresidente JD Vance es hija de inmigrantes indios, y él ha declarado que quienes llegan legalmente y se integran han enriquecido el país, calificando la inmigración masiva sin restricciones como un “robo del sueño americano”.

En el otro extremo del espectro ideológico, algunos políticos progresistas, especialmente centrados en la defensa de los trabajadores —como el senador Bernie Sanders—, coinciden en que ciertas formas de inmigración pueden reducir los salarios de los estadounidenses y afirman que el sistema necesita una reforma profunda. La Administración de Trump sostiene que a los titulares de visas H-1B (para profesionales muy cualificados) se les ofrece, por lo general, unos 10.000 dólares menos al año que a trabajadores estadounidenses con puestos similares.

Rajiv S. Khanna, abogado de inmigración en Arlington, Virginia, con décadas de experiencia asesorando a trabajadores cualificados y estudiantes, advierte a algunos clientes sobre los riesgos de mudarse a EE UU. Hace 10 años les habría dicho que vinieran sin reservas. “Si lo que buscan es un buen título y una buena educación, adelante”, señala. “Pero si creen que van a tener la seguridad de una vida y una carrera en EE UU eso no va a suceder. Desde luego, no es algo fiable”, añade.

¿Sigue vigente el sueño americano? Bloomberg entrevistó a más de 50 inmigrantes para este reportaje con el fin de saber por qué vinieron a EE UU, cómo ha evolucionado su experiencia y si, de tener la oportunidad, tomarían la misma decisión hoy.

Una costosa quimera

Sanjay, quien lleva casi siete años en EE UU, ha vivido muchos de sus momentos más importantes en este país: cursó un máster, conoció a su esposa, compró una casa y tuvo un hijo. En muchos sentidos, fue una trayectoria bastante típica para un inmigrante altamente cualificado. Se mudó de Hyderabad, la India, en 2019 para estudiar en la Universidad de Búfalo y luego consiguió un trabajo en el sector tecnológico en Boston. Pero ahora, convertirse en estadounidense parece una quimera. Sanjay dice sentirse atrapado en una larga lista de espera para obtener la residencia permanente, y afirma que los cambios repentinos en la política migratoria y las amenazas de una reforma aún más radical le hacen sentir que no puede contar con nada. Alejado de su familia en la India e incapaz de sentirse seguro en EE UU, se pregunta si tomaría las mismas decisiones hoy. “Existía la promesa de que, si trabajabas duro, triunfarías en EE UU porque es la tierra de las oportunidades”, subraya Sanjay, quien, como algunos indios, no usa apellido. “Pero esta confianza se esta erosionando”.

Por su puesto, también hay optimistas. Govind Waghmare, graduado del Instituto Tecnológico Stevens de Bombay, trabaja en Nueva York y le encanta vivir allí. “No creo que el sueño americano haya cambiado”, dice Waghmare. “He dedicado mucho tiempo a mi trabajo en este país y para mí es más lógico hacer algo aquí que regresar a la India”. Trabaja como gerente financiero en Omnicom Group con una visa H-1B y planea casarse en Austin, donde se encuentra la empresa de su pareja. Waghmare también quiere ayudar a sus padres, que rondan los 60 años, a mudarse a Estados Unidos en los próximos años, aunque aún no ha logrado comprender del todo los complejos trámites migratorios que esta decisión requiere.

Para sentirse parte de la sociedad, los recién llegados tienen que querer formar parte de EE UU; a su vez, los estadounidenses tienen que aceptar que los inmigrantes son parte de su país, según Peter Skerry, profesor de Ciencias Políticas en el Boston College y presidente de la Mesa Redonda sobre Políticas de Inmigración de la Comisión Ciudadana sobre Inmigración. La Administración de Trump ha declarado que su política migratoria está diseñada para facilitar a las empresas el acceso a los mejores talentos, al tiempo que protege los empleos estadounidenses de la competencia desleal. Afirma que cambios como la tarifa de 100.000 dólares para las solicitudes de visa H-1B y las nuevas reglas de los visados son reformas necesarias que brindarán claridad a los empleadores que necesitan contratar personal altamente cualificado del extranjero. “La agenda Estados Unidos Primero, del presidente Trump, prioriza a los trabajadores estadounidenses y los protege de ser reemplazados por mano de obra extranjera barata”, señala la portavoz de la Casa Blanca, Taylor Rogers, en un comunicado.

A lo largo de sus 250 años de historia, la acogida que Estados Unidos ha brindado a los inmigrantes ha fluctuado, a menudo ligada a la necesidad de mano de obra para impulsar la productividad. El sistema actual se estableció con la Ley de Inmigración de 1990. Esta ley creó la visa H-1B, que otorgaba autorización temporal para trabajar en “ocupaciones especializadas”. Esto coincidió con el crecimiento de la industria tecnológica estadounidense y de empresas como Microsoft, Oracle y Amazon.

A mediados de la década de 1990, las grandes empresas tecnológicas presionaron intensamente para que se ampliara el programa de visas H-1B, argumentando que EE UU carecía de ingenieros e informáticos. El Congreso aumentó temporalmente el límite en varias ocasiones, pero desde 2004, el límite para la mayoría de las nuevas contrataciones con visa H-1B se ha mantenido en 85.000 al año.

Tarjeta de residencia

A medida que Silicon Valley crecía, se apalancaba en los ingenieros extranjeros, muchos de los cuales llegaron a EE UU como estudiantes. Durante las décadas de 1990 y 2000, las universidades estadounidenses ampliaron los programas de posgrado centrados en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (las llamadas disciplinas STEM), mientras que la matrícula de países como la India y China aumentó considerablemente. En 2010, aproximadamente una quinta parte de los trabajadores STEM en EE UU eran extranjeros.

Las visas H-1B estuvieron pensadas para ser temporales. Pero a medida que los trabajadores permanecían en sus empleos durante años, e incluso décadas, muchos titulares deseaban establecerse en el país. Por ello, las empresas tecnológicas comenzaron a ayudar a que decenas de miles de titulares de visas H-1B obtuviesen las llamadas green cards, que otorgaban la residencia permanente. El problema fundamental para muchos inmigrantes que buscan la residencia permanente radica en las normas que establecen que no más del 7% del total de tarjetas de residencia otorgadas por motivos laborales o de reunificación familiar pueden ser concedidas a ciudadanos de un mismo país en un año fiscal. Esto genera una enorme acumulación de solicitudes para personas provenientes de países que envían un gran número de personas a Estados Unidos, como la India, China, México y Filipinas. En 2023, se estimaba que había 1,8 millones de personas en listas de espera para acceder a puestos de trabajo.

Si bien los problemas con la residencia permanente afectan a la capacidad de los inmigrantes para permanecer en EE UU a largo plazo, la Administración de Trump también está tomando medidas para desalentar la inscripción de estudiantes extranjeros en universidades locales. Las entrevistas para la visa estudiantil se suspendieron durante casi un mes al comienzo del segundo mandato de Trump, mientras los funcionarios evaluaban una revisión más estricta de los perfiles de redes sociales de los solicitantes. La suspensión se levantó, pero ahora se les pide a todos los estudiantes que hagan públicas sus cuentas de redes sociales antes de las entrevistas. Trump también ha tomado medidas para limitar la financiación federal para la investigación en las principales universidades del país.

Los cambios en la educación superior afectan a los inmigrantes que buscan trabajo. Cuando Aleksandra Conevska, una estudiante canadiense de doctorado en la Universidad de Harvard, comenzó su programa de ciencias sociales, imaginó desarrollar su carrera en EE UU. Conevska centró su investigación en temas estadounidenses, específicamente en la política electoral, con especial énfasis en cuestiones relacionadas con el cambio climático. “Quería contribuir a Estados Unidos de la misma manera que Estados Unidos me ayudó”, explica. Pero, terminado su doctorado, Conevska tiene dudas sobre si podrá quedarse.

Muchos rivales de EE UU aprovechan la situación para seducir al talento extranjero. Canadá planea invertir más 1.000 millones de dólares en los próximos años para atraer investigadores altamente cualificados y crear un proceso acelerado para los titulares de visas H-1B. Alemania busca paliar la escasez de mano de obra cualificada facilitando la inmigración incluso a quienes no cuentan con una oferta de trabajo en firme. El Reino Unido ofrece una visa similar, denominada “Individuo de Alto Potencial“, a graduados de las mejores universidades estadounidenses, que les permite vivir y trabajar durante dos o tres años sin necesidad de un empleador que lo respalde. El año pasado, China anunció su visado K, diseñado para trabajadores de ciencia y tecnología, con la esperanza de impulsar su reserva de talento extranjero y su competitividad en el sector STEM.

Sin duda, todavía hay muchísimas personas deseosas de ir a EE UU, y la demanda de tarjetas de residencia y permisos de trabajo supera con creces la oferta. Pero entre los profesionales ambiciosos y los estudiantes crece la percepción de que las oportunidades fuera de EE UU suelen ofrecer mayor estabilidad y un camino más claro hacia la residencia permanente. Si esta percepción se consolida, la batalla por el talento en el mundo entraría en una nueva fase.

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