Y ese día arderá París

El 12 de julio de 1998, la Francia de Zinedine Zidane y Thierry Henry le metió tres goles como tres soles a la todopoderosa Brasil de Ronaldo Nazario para levantar el primer Mundial de su historia. No era solo eso. Ganó un país que intentaba integrar a los hijos de su inmigración, convertidos en campeones. Aquella selección reunía jugadores con raíces en África, el Caribe, Armenia o el País Vasco, un reflejo del país. Luego, más de un millón y medio de personas invadieron los Campos Elíseos tras la victoria de una Francia, al fin, abiertamente multicultural. No fue una noche sin incidentes, como se dijo años después. Pero tampoco la tormenta que llegó luego a la calle. La semana pasada, veintiocho años después, el PSG logró su segunda Champions League y la policía detuvo a 890 personas personas, se registraron 219 heridos, disparos de mortero, pillajes en supermercados, atropellos, agresiones sexuales. Todo, mientras los ultras estaban en Budapest viendo la final. No es el fútbol.
