El castigo a Brasil, aviso de lo que puede estar por venir | Opinión

El castigo de los mercados a Brasil tras la victoria de Lula es fácil de explicar: al mercado no le gustan las sorpresas, los candidatos de extrema derecha reman de forma sistemática a favor de las élites económicas y las Bolsas tienden a sobrerreaccionar: si los demás van a vender, es mejor ser el primero que quedarse colgado.
Eso no quiere decir que los mercados tengan razón. Son unos predictores aceptables de tendencias económicas, aunque solo sea por su capacidad para generar profecías autocumplidas, pero su relación con la política suele ser más compleja por el carácter imprevisible, emocional a ratos de esta. La segunda victoria electoral de Donald Trump prometía traer un dólar fuerte, según un consenso poco menos que abrumador. Las políticas de la Casa Blanca lo debilitaron. El destino de los criptoactivos con el nuevo mandatario en la Casa Blanca parecía ser el de un eterno mercado alcista, pero el cuento de hadas se torció en menos de un año. La primera vez que el izquierdista Lula da Silva ganó unas elecciones en Brasil, en octubre de 2002, la Bolsa bajó más del 4%. Duplicó su valor en el año siguiente, mes arriba, mes abajo. El exsindicalista respetó los acuerdos con el FMI y fue capaz de combinar rigor con una expansión económica que, por una parte, sacó de la pobreza a varios millones de personas y, por otra, permitió que las empresas aumentaran sus beneficios. Para el mercado, siempre pragmático, la cuestión de si había motivos para recelar de Lula era secundaria respecto de sus decisiones. No será distinto esta vez.
En todo caso, el izquierdista sí tiene la carga de la prueba: debe demostrar compromiso, sobre todo con la política fiscal de un país que está más endeudado que cuando tomó las riendas en 2003. De momento, en la primera sesión tras el lunes negro, ha frenado el castigo a los activos brasileños. Toca esperar y ver.
Este ejemplo, en todo caso, sí puede ser un buen predictor de volatilidad política en un mundo que encara en los próximos meses una serie de convocatorias electorales en grandes economías. Más allá de la polarización que marca prácticamente todas ellas, el papel creciente de la inversión indexada tiende a exagerar los movimientos del mercado. Y, como ha demostrado en los últimos meses la evolución de los tipos de interés de la deuda soberana, los inversores tienen activadas las señales de alarma ante los desequilibrios de las cuentas públicas. Los aspirantes a líderes no podrán argumentar que no estaban avisados.
