Ferrari toca a arrebato en Mónaco | Fórmula 1 | Deportes

A Bernie Ecclestone, el individuo que se inventó la Fórmula 1 moderna mucho antes de que aterrizara Liberty Media y llevara el campeonato a la dimensión interestelar en la que ahora se ha posicionado, se le atribuyen varias frases célebres, pocas de ellas políticamente correctas. En el marco de unas negociaciones con los equipos, un ámbito en el que el octogenario se manejaba como un auténtico maestro, Ecclestone soltó una sentencia muy agresiva a la vez que representativa: “A mí, dadme a Ferrari y el Gran Premio de Mónaco y os monto un Mundial”. A estos dos elementos se dan cita este fin de semana con un tercero tan relevante como Lewis Hamilton, que genera un efecto multiplicador con una potencia única dentro de la parrilla actual.
Los toboganes que serpentean por Montecarlo configuran un perfil de circuito único en el calendario. Tanto, que sería imposible de homologar en cualquier escenario que no fuera la que alberga el gran premio más universal de todos los que forman el calendario. Precisamente por eso, la Scuderia se presenta en Mónaco con la esperanza de poder minimizar la distancia que actualmente separa el bólido rojo del Mercedes, el monoplaza más afilado desde que entró en juego el nuevo reglamento técnico, con vistas a esta temporada.
La falta de velocidad punta del SF-26 quedará mitigada en el trazado más lento de todos. Si a eso le añadimos el gran rendimiento exhibido por el prototipo en las salidas, un aspecto que es absolutamente crucial en Mónaco, Ferrari tiene ante sí una oportunidad inmejorable para romper la inercia aplastante de las Flechas de Plata, que se han llevado todas las carreras hasta el momento. Este viernes por la mañana, Charles Leclerc lideró la tabla de tiempos justo por delante de Hamilton, mientras que, por la tarde, el orden entre ellos se invirtió. El panorama pinta bien para los tifosi, que no tiran confeti desde que Carlos Sainz se impuso en México, hace ya casi un año y medio.
La ocasión es idónea para ir a por un triunfo que pondría la cereza a un fin de semana que comenzó con el anuncio de la renovación de Leclerc, a quien la compañía de Maranello ha atado hasta, al menos, 2030. En su octavo ejercicio enfundado en el mono de Il Cavallino Rampante, el monegasco, a sus 28 años, se ha convertido en todo un símbolo de la estructura italiana, por más que, si atendemos a cómo está el mercado de fichajes, tampoco tuviera demasiadas alternativas. De cumplir íntegramente este nuevo contrato, Leclerc, que se estrenó de rosso en 2019, superaría ampliamente los 180 grandes premios que todavía significan a Michael Schumacher como el corredor de Ferrari que más grandes premios ha disputado. La prolongación de este vínculo dará estabilidad al proyecto, sobre todo si tenemos en cuenta que Hamilton deslizó, en Canadá, que su acuerdo tiene vigencia para 2027.
Si bien parece inviable que Ferrari le discuta el título a la marca de la estrella, que domina la tabla general con Kimi Antonelli (131 puntos) y George Russell (88 puntos), una eventual victoria en Mónaco supondría un impulso muy poderoso, tras un curso entero (2025) sin celebrar ninguna. De hecho, Leclerc ya firmó aquí el sexto triunfo (2024) de los ocho que figuran en su palmarés. Hamilton, por su parte, ha ganado tres veces, y parece otro si comparamos la energía que proyecta con la del año pasado. Una sensación avalada por la estadística: lleva dos podios (China y Montreal), y marcha el cuarto en el Mundial, pero a solo tres puntos de su compañero.
