Feijóo ya no come butifarra en La Plata con la aristocracia empresarial catalana | Opinión
Corría el mes de enero de 2023 y Alberto Núñez Feijóo comparecía ante la aristocracia empresarial catalana congregada por el Círculo Ecuestre. La institución, un auténtico referente de la burguesía barcelonesa con más de un siglo de historia, esperaba con inusitado interés las propuestas del flamante secretario general del PP. No en vano, tenía a priori todos los pronunciamientos favorables para ser el próximo presidente del Gobierno, a lomos del agotamiento de la coalición del PSOE y Podemos. La proximidad de las elecciones generales, previstas para finales de ese mismo año, disparaba la curiosidad por conocer de primera mano su hoja de ruta. Sin embargo, llegado el momento, la ruta fue, más bien, gastronómica. “Me he dado un paseo por las Ramblas, me he tomado unos boquerones, una anchoa y un poco de butifarra en La Plata. Yo se lo recomiendo”, arrancaba su intervención el político gallego, buscando complicidad y generar empatía.
Apenas cuatro meses después del encuentro, a finales de mayo, Sánchez comparecía tras el fiasco socialista en los comicios municipales y autonómicos y, contra toda lógica aparente, convocaba elecciones generales para el 23 de julio. Cataluña fue un verdadero bastión socialista, clave para impedir una mayoría de la derecha que parecía cantada. El PSOE obtuvo 19 escaños, siete más que en los anteriores comicios, ganando terreno tanto a ERC como a los populares. El PP pasaba de seis a dos, consumando su enésimo drama en la región.
Esta semana, con otro ciclo electoral a la vista, Feijóo trocó en desafío y aspereza el tono afable de aquella cita de 2023. Cero guiños. “Devolveré la decencia a mi país, con ayuda o sin ella”, lanzó a la élite empresarial catalana congregada para escucharle en las jornadas del Cercle d’Economia, otra institución señera del establishment catalán, con más de 100 entidades colaboradoras, entre ellas Sabadell, CaixaBank, Planeta, Naturgy, Repsol o Seat. Y remachó: “No pretendo remover conciencias. No busco atajos porque lo que conviene atajar es la situación de España. Y no vengo a pedir favores, ni tampoco a regalarlos. A lo que vengo es a defender la necesidad de un proyecto limpio”. Lo desabrido del planteamiento no dejó indiferente a nadie.
“Fue frío, muy frío. Con la sensación otra vez de que no comprende lo que pasa aquí. Quiso dar un golpe encima de la mesa, pero no era el sitio. En este foro no hay muchos votantes de Podemos”, asegura con ironía uno de los presentes, dejando claro que hubiera preferido escuchar propuestas, especialmente en temas de financiación y fiscalidad. Su parecer coincide con el de varios asistentes, que subrayan el carácter más profesional y menos ideologizado del foro en los últimos años, de la mano de la agenda económica que canaliza Foment del Treball y Josep Sanchez Llibre. “Sorprendió, porque aquí estaban primeros espadas, de Murtra a Brufau, y vino a dar un mitin. Se entiende que el contexto es complicado, pero más que una oportunidad perdida, generó disgusto”. Al margen de la espuma, empero, el mensaje llevaba carga de profundidad.
De hecho, el cambio de tono debió ser más sentido por algunos de los presentes, cuya continuidad al frente de sus empresas depende en gran medida de la voluntad política. Como siempre, lo importante sucedía entre bambalinas. A las 8.30 de la mañana del día de autos, Feijóo hacía un aparte en el actual hotel Torre Melina, antiguo Rey Juan Carlos I, con 15 conspicuos miembros del Cercle, entre ellos los Brufau, Oliu, Muniesa o Creuheras. Fuentes conocedoras de la reunión explican que fue precisamente durante su exposición cuando se le pasó nota de las declaraciones en Catalunya Ràdio del secretario general de Junts, Jordi Turull, en las que le retaba a acudir a Waterloo si quería plantear una moción de censura. Cuentan que su reacción fue tan lacónica y displicente como la que tuvo ante los medios de comunicación cuando se le preguntó después por la cuestión. “Por más que no se estuviera de acuerdo en alguno de los planteamientos, estuvo consistente y sólido en sus convicciones”, concede sin entrar en demasiados detalles uno de los empresarios, que prefiere no valorar la mayor o menor cercanía del dirigente popular. En el elenco de 15 elegidos, no obstante, una figura llamaba la atención por encima de las demás. Le escuchaba atento el presidente de Telefónica, Marc Murtra.
Entre la reunión del Círculo Ecuestre y la del Cercle no solo se ha enfangado el debate político, sino que el Gobierno ha acometido una estrategia mucho más intervencionista en el terreno corporativo, con la entrada a través de la pública Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) en empresas consideradas estratégicas. Lo ha hecho en la propia Telefónica, donde atesora un 10%, después de haber reforzado también su posición en otras como Indra. Su peso en el capital le ha permitido actuar sin recato en la gobernanza, con intervención directa en la designación de nuevos presidentes. Y Feijóo no se ha ahorrado críticas. “Ningún gobierno puede cesar al presidente de una compañía cotizada o no cotizada en el Palacio de la Moncloa”, aseguró el líder popular tras la salida de José María Álvarez Pallete y el nombramiento de Murtra en la teleco. “Ningún gobierno puede obligar a hacer un consejo de administración un sábado para una empresa cotizada, y un domingo para otra”, zanjaba en referencia también a Indra, empresa de procedencia de Murtra, cuyos vínculos con el PSC son de largo aliento.
No se trata de declaraciones aisladas. En la última ponencia política del PP, de julio de 2025, se hace mención expresa a esta cuestión, como parte de la defensa del libre mercado y la libre empresa. “Rechazamos situaciones como el nombramiento de altos cargos de empresas del Ibex desde Moncloa. Hay que poner orden y reducir el tamaño del sector empresarial público, limitar el intervencionismo a situaciones donde el mercado no sea capaz de dar un buen servicio, despolitizarlo y asegurar la profesionalidad de sus gestores”. El mercado e incluso fuentes próximas a Moncloa deslizan que, tras un eventual triunfo electoral de Feijóo, Murtra y Ángel Simón, recientemente nombrado presidente de Indra tras el ruidoso relevo de Ángel Escribano y también con vínculos históricos con el socialismo catalán, serán los primeros en salir, incluso aunque en estos meses acometan una operación corporativa. Es solo la punta del iceberg de lo que puede pasar, andando el tiempo, con las decenas de perfiles de ejecutivos y consejeros próximos al PSC, Junts y ERC que copan o buscan copar in extremis las cúpulas de compañías del Ibex con capital público, haciendo valer el peso parlamentario de sus partidos. Además, de las Telefónica o Indra, no se libran Aena, Redeia, Renfe, RTVE o Enagás, entre otras. Del mismo modo, el PP ha ido perdiendo influencia en los organismos reguladores, en paralelo a la que ganaban los partidos independentistas. Tras escuchar a Feijóo en Barcelona, corrían sudores fríos.
A partir de aquí, la realpolitik. El PP, que ahora levanta la voz pero también acumula históricamente una larga trayectoria en nombramientos de directivos afines en empresas, contará ya con una larga cola en su sede de Génova para reclamar los favores prestados. Aunque puede ser, como advertía un empresario presente en las jornadas del Cercle, que Feijóo prefiera tomárselo con calma, confiando en que el PSC le ayude a mantener Cataluña en calma frente a la deriva soberanista en caso de un gobierno de PP y Vox. En ese marco, mejor no apretar demasiado las tuercas al mundo corporativo. Fue imposible preguntar por ese argumento, y si es más deseo que realidad, al responsable de Economía de los populares. Más de uno puso falta a Alberto Nadal. “¿Tenéis en los periódicos muchas fotos de Nadal y Feijóo juntos?”, preguntaba con cierta maldad uno de los asistentes. “Nunca coinciden. Me da la sensación de que tienen agendas separadas”, zanjaba con una sonrisa.
