Un buen dato de empleo que no debe invitar a la complacencia | Opinión
La Encuesta de Población Activa del segundo trimestre, publicada ayer por el Instituto Nacional de Estadística, muestra que el mercado laboral español sigue dando signos de vitalidad. Con cerca de 22,8 millones de ocupados, el empleo vuelve a alcanzar otro récord en España, mientras que el paro se reduce al 9,87%. Es la tasa más baja desde 2008.
Pese a ello, la tasa de desempleo que arroja la EPA significa que cerca de 2,5 millones de personas no encuentran trabajo. Y por más que la cifra de hogares con todos los miembros en paro (32.500) ha mejorado sustancialmente en los últimos años, España sigue siendo uno de los países europeos con peores registros en esta materia.
A ello se suman otras debilidades estructurales del mercado laboral. Como la alta dependencia de los servicios vinculados al turismo, que en este caso favorece la foto por la estacionalidad con la que se comporta el empleo en España. El periodo previo al verano es siempre el más propicio por las contrataciones con las que se prepara la temporada alta.
Queda, por tanto, trabajo por delante, y no es conveniente que los poderes públicos caigan en la complacencia con las cifras. Pero tampoco en lo contrario. El dato de 486.000 ocupados más respecto al mismo periodo de 2025, lo que representa un avance del empleo cercano al 2,3%, es elocuente. Mientras otras economías continentales pelean por sostener un crecimiento abúlico, España ha encontrado un ciclo virtuoso en que la economía y el empleo se retroalimentan.
En ese contexto, el dinamismo que muestra el sector privado es una de las mejores noticias. Y hace pensar que, aunque el crecimiento de la economía y el empleo vaya moderándose, queda recorrido salvo que llegue una convulsión inesperada.
Como destacó ayer en su valoración la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, la siguiente barrera son los 23 millones de ocupados. Y eso tan solo un año después de que, a las mismas alturas de 2025, España celebrara por primera vez haber superado los 22 millones de personas trabajando. Las cifras, y el ritmo, marean cuando se miran con perspectiva histórica. Pero conviene conservar el equilibrio y mantener el rumbo en lo que más importa: crear más empleo, procurar que tenga más calidad (los despidos del sector educativo o sanitario con que se recibe cada verano son otra muestra de la perniciosa estacionalidad) y avanzar hacia un crecimiento más equilibrado y sostenible en el tiempo.
