sáb. Ago 15th, 2026

¿Por qué un pequeño pueblo riojano es la capital mundial de las butacas? | Negocios

Ezcaray bulle. Llega el verano y miles de turistas se acercan a esta localidad riojana de unos 2.000 habitantes para disfrutar de su patrimonio y gastronomía. Ermitas del siglo XV y XVII, restaurantes con estrellas Michelín o largas rutas de senderismo. Pero no, la palabra “orgullo” que mencionan los vecinos como Gabriel Mendoza o Laura Echevarría no se refiere a estos espacios, sino a una zona más desangelada de Ezcaray, alejada del centro. Mencionan el polígono industrial El Ram, en el norte de este pueblo, y a las tres empresas que se encuentran en este enclave: Ezcaray Seating, Euro Seating y Ascénder. Estas tres compañías producen desde cero las butacas que dan asiento en España a miles de espectadores de cine, pero también, por ejemplo, acomodan a quienes tienen el lujo de disfrutar del palco del Santiago Bernabéu. Esa “satisfacción” que menciona Mendoza o la “emoción” que siente Echevarría no solo aluden a que el nombre de Ezcaray haya llegado a toda España, sino que está presente en todo el mundo. Las fábricas exportan decenas de miles de asientos cada año para estadios o teatros ubicados en los cinco continentes, una historia de éxito que ha tenido sus momentos de crisis.

Mapas de ubicación

Ezcaray Seating, Euro Seating y Ascénder tienen un mismo origen. En 1955, tras el cierre de la empresa Sillerías Segura, seis empleados de este fabricante de sillas de madera decidieron montar una caseta a las afueras de la localidad riojana y fundar la Sociedad Cooperativa Obreros de Ezcaray —que es la actual Ezcaray Seating— para seguir produciendo asientos con la madera procedente de la Sierra de la Demanda, donde se incrusta este pueblo. Los socios fundadores empezaron a vender sus productos por Bilbao, San Sebastián y Pamplona y poco a poco se fueron expandiendo. En 1989, se construyó la primera fábrica y el número de miembros creció hasta los 30. Pero cinco años después, todo cambió. Javier Sagastagoitia lleva 38 de sus 63 años de vida trabajando en Ezcaray Seating y recuerda que “cinco socios no estaban de acuerdo con el sistema de cooperativa y decidieron irse y fundar otra empresa”. El responsable de ventas de la fábrica asegura que esa escisión les dejó “desolados” pero “se superó el golpe y salió todo para adelante”. Sagastagoitia afirma que “el negocio marcha bien” ya que la facturación en 2025 fue de diez millones de euros, tres más que en 2022, y contaron con beneficios.

Uno de los socios que decidió abandonar la cooperativa inicial es Gonzalo Robredo. A sus 66 años, se mueve rápidamente entre todas los brazos mecánicos, respaldos y reposabrazos que pueblan las naves con las que cuenta Euro Seating, el resultado de aquella escisión. Aunque la empresa prefiere no pronunciarse sobre el porqué de esta división, Robredo, que es el propietario de esta compañía, deja caer que “quería afrontar nuevos retos”. Para poder fundar Euro Seating, Robredo relata que hipotecó su casa cuando sus hijos “tenían uno y cuatro años para poder comprar dos moldes de inyección”. Con esas máquinas pudieron finalizar su primer proyecto, 600 butacas para un estadio de fútbol en Países Bajos. Actualmente, cada año producen en torno a 250.000 asientos de inyección de plástico y 100.000 tapizados, con una facturación en 2025 de más de 15 millones de euros y registraron beneficios.

Pero esta no fue la única división. David Valgañón (48 años), presidente de Ezcaray Seating, la primera empresa de butacas de esta localidad, señala que la segunda escisión fue “complicada”. Cuenta que otros cinco socios se marcharon de la cooperativa y fundaron Ascénder en 2004, cuya sede se encuentra a pocos metros de las otras dos fábricas. En las oficinas de esta compañía trabaja Elena Gómez (Ezcaray, 42 años), responsable de administración y consejera de la empresa que también facturó diez millones de euros en 2025. Asegura que la marcha de estos socios se produjo porque la situación en la cooperativa era “insostenible”, pero prefiere no entrar en más detalles. Pedro Hernado, uno de los socios fundadores y el director Técnico y Comercial de Ascénder, relata que para poder diferenciarse de la competencia y lograr sus actuales cifras, su modelo de negocio se centra en “hacer butacas a medida y proyectos muy de la mano con los arquitectos”, sin atender tanto a los cines.

La aventura exterior

Cuando se entra en los almacenes de estas fábricas, además del olor a madera o plástico para fabricar estas sillas, se pueden observar estanterías con centenares y centenares de cajas apiladas y embaladas con etiquetas naranjas, verdes o azules. En la gran mayoría se pueden leer numerosos países de destino: Hungría, Rumania, Francia, Portugal o Kazajistán. Estos días, Euro Seating está finalizando un proyecto para renovar las butacas del estadio del Sporting de Portugal, uno de los equipos de fútbol más grandes del país luso. Ezcaray Seating, que produce al año hasta 60.000 asientos, teatros para Bucarest y Budapest. Ascénder, palacios de congresos en Australia y EE UU. Y es que esta vocación internacional es uno de los objetivos que comparten las tres empresas. La mitad de la cifra de negocio de la segunda y la tercera compañía corresponde a sus ventas en el extranjero, mientras que Euro Seating destina el 85% de su producción fuera de España.

Además de este “orgullo”, las tres fábricas también aportan un papel destacado a la hora de mantener a la población en este municipio. Diego Bengoa, alcalde de Ezcaray, asegura desde su despacho que “son un pulmón muy importante porque da trabajo a mucha gente del pueblo durante todo el año”. En total, Ezcaray Seating, Euro Seating y Ascénder emplean a más de 300 personas, la mayoría de Ezcaray, pero también de localidades aledañas como Santo Domingo de la Calzada. Los responsables entrevistados también aseguran que no tienen ninguna intención de deslocalizarse y que seguirán fabricando sus butacas en el pueblo.

Estas fábricas y el turismo son los principales motores económicos de Ezcaray, aunque el segundo concita menos pasión. Mendoza y Echevarría, los dos habitantes de este municipio, desean que pasen los meses de julio y agosto para que el pueblo riojano vuelva a la normalidad, con menos turistas. Muchos de estos visitantes, cuando vuelvan a sus casas, no serán conscientes de que cuando se sienten a disfrutar de una película en un cine, de una obra de teatro o de un partido de fútbol, ya sea en España o en el extranjero, lo más probable es que esa butaca se haya fabricado en una zona de Ezcaray que no aparece en las guías turísticas.

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