Los gestores se vuelcan con el euro mientras el BCE blinda la liquidez para futuras crisis | Mercados Financieros
En un escenario geopolítico en el que Estados Unidos ha dejado de ejercer como el referente indiscutido del orden internacional, Europa intenta aprovechar la oportunidad de reforzar su papel como referencia mundial. Una misión que los líderes europeos parecen haber asumido como propia, con una serie de medidas y propuestas enfocadas a reforzar el papel de la divisa europea en un mundo fragmentado. Una ofensiva que no está construida sobre deseos, sino a partir de una realidad de mercado. Según la última encuesta de Bank of America sobre tipos de cambio, la exposición de los gestores al dólar estadounidense ha caído al nivel más bajo desde 2012, superando incluso los mínimos registrados en abril pasado, cuando el anuncio de nuevos aranceles por parte de la Casa Blanca desencadenó un episodio de elevada volatilidad en los mercados.
La designación de Kevin Warsh como sustituto de Jerome Powell ha aportado algo de calma, pero no ha revertido la tendencia. El dólar cerró 2025 con su peor resultado desde 2017 —una depreciación del 13,4% frente al euro— y en el arranque del nuevo año llegó a superar los 1,20 dólares por euro. El mercado sigue apostando por más debilidad: las posiciones bajistas sobre el dólar se sitúan en máximos desde la pandemia. “Una menor excepcionalidad de los activos estadounidenses debería traducirse en una depreciación gradual del billete verde”, advierten los analistas de Goldman Sachs. A medida que los activos estadounidenses van perdiendo su pátina de brillo, los gestores aceleran la diversificación de carteras.
Con ese telón de fondo, y a la espera de que la Comisión Europea remita en marzo al Consejo sus propuestas, el Banco Central Europeo y el Eurogrupo trabajan en nuevas iniciativas para impulsar la soberanía monetaria y ampliar el peso internacional del euro. “Frente a desafíos masivos en todo el mundo, la UE tiene que ser más fuerte, más rápida, trabajar en su competitividad y en su capacidad para ser poderosa e independiente”, señaló el ministro de Finanzas francés, Roland Lescure en el Eurogrupo. Por su parte, el presidente del órgano que reúne a los ministros de finanzas de la eurozona, el griego Kyriakos Pierrakakis, destacó los riesgos crecientes de que el sistema financiero y monetario se utilice como herramienta política. “Es existencial para nosotros salvaguardar el papel internacional del euro”, puntualizó.
Coincidiendo con la Conferencia de Seguridad Europea celebrada el pasado fin de semana en Múnich, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, anunció que, a partir del tercer trimestre de 2026, ampliará las líneas de liquidez en euros para bancos centrales a cambio de garantías en euros de alta calidad, como la deuda de gobiernos. Esta iniciativa, utilizada en el punto álgido de la pandemia para proporcionar liquidez en euros a ocho bancos centrales europeos no pertenecientes a la zona euro, se abre ahora con vocación estructural: facilitar el acceso global a financiación en euros en episodios de tensión. La única condición, además de aportar garantías, es que el organismo solicitante no esté excluido por blanqueo de capitales o sanciones internacionales. “Esta facilidad también refuerza la importancia del euro”, explicó Lagarde.
El proyecto del BCE no busca reemplazar al dólar, que sigue siendo la principal divisa en el comercio internacional, sino facilitar la diversificación de carteras por parte de los gestores de inversiones y las reservas internacionales, así como el endeudamiento en euros, al garantizar la provisión de euros en estos eventuales picos de tensión. “Una mayor presencia internacional del euro contribuiría a la transición de un mundo unipolar en dólares a otro multipolar, en el que convivan dólares, euros y renminbi”, indican los analistas de ING.
El impulso a esta estrategia comenzó a cobrar fuerza el abril pasado, cuando la Casa Blanca sacudió los mercados financieros con los mayores aranceles desde la Gran Depresión. La venta acelerada de activos estadounidenses, considerados seguros en crisis financieras previas, puso de relieve la necesidad de avanzar hacia una desdolarización global. Grandes inversores institucionales como la mayor gestora de deuda, Pimco, o Amundi han deslizado la posibilidad de reducir su exposición a EE UU por la imprevisibilidad de Donald Trump.
Europa se enfrenta ahora al reto de atraer y canalizar los flujos de capital que puedan salir de EE UU. Para lograrlo, deberá ofrecer activos líquidos y de alta calidad capaces de competir con los bonos del Tesoro estadounidense. En este contexto, los eurobonos propuestos por el BCE podrían convertirse en una pieza clave para construir un mercado de capitales europeo capaz de competir en un mundo financiero fragmentado. En paralelo a la emisión de deuda conjunta, el bloque trabaja impulsar al euro digital y un sistema europeo de pagos que completen la arquitectura y ayuden a reforzar el papel de la moneda única.
Los analistas de Goldman Sachs consideran que cualquier avance hacia una mayor integración y gasto sería positivo para la divisa común. “Con el tipo de cambio rondando los 1,18 dólares, seguimos viendo margen adicional para el euro prolongue los ascensos los próximos meses”, remarcan.
Por su parte, Claudio Wewel, estratega de divisas en J. Safra Sarasin Sustainable AM, considera que la recuperación experimentada por el dólar tras la designación de Kevin Warsh como sucesor de Jerome Powell al frente de la Fed es temporal. El experto valora positivamente los esfuerzos de las autoridades europeas para reforzar el mercado de capitales y sostiene que la divisa debería beneficiarse de un aumento de las asignaciones hacia activos de reserva denominados en euros. “Desde una perspectiva estructural, el euro podría ganar ventaja frente al dólar en un contexto de mayor incertidumbre institucional en EE UU y mantenimiento de la independencia del BCE”, añade Wewel.
La creciente preferencia de los gestores por la moneda única no responde únicamente a un ajuste táctico frente a la debilidad del dólar. Refleja un cambio más profundo en la percepción del riesgo y en la búsqueda de diversificación en un entorno geopolítico fragmentado. Después de un 2025 marcado por los ataques a la independencia de la Reserva Federal, el deterioro fiscal estadounidense y las erráticas decisiones comerciales de la Administración Trump, que erosionaron la credibilidad del dólar e impulsaron al alza al euro y otras divisas, reforzar el papel de la moneda comunitaria requerirá ahora algo más que aprovechar los errores del adversario.
Las iniciativas del BCE para ampliar las líneas de liquidez y reforzar la arquitectura financiera europea envían una señal clara: el euro aspira a consolidarse no solo como alternativa, sino como pilar de estabilidad en episodios de tensión. Si Europa logra traducir la voluntad política en activos líquidos y profundos, el avance reciente de la divisa podría ser algo más que un movimiento coyuntural. “Los complejos desafíos a los que se enfrenta el continente no deberían eclipsar los factores que juegan a su favor. Europa tiene una oportunidad tangible al alcance de su mano”, señala Anthony Gutman, codirector de Goldman Sachs International en Europa, convencido de que el pesimismo estructural que arrastra el Viejo Continente no se corresponde con sus fundamentos.
