Los fantasmas del Valencia CF

A veces regreso a la casa de mi abuelo. Está vacía. Él murió este invierno. Tenía cien años. Yo vuelvo para escribir en el silencio de esa casa llena de recuerdos. Cuando entro por la puerta, desde el primer día —no puedo evitarlo—, siempre digo lo mismo: Hola, abuelito. Él ya no está y sí que está. Y eso pensaba esta semana al pasar junto a Mestalla.
