La Iglesia ingresa más que nunca por el IRPF pese al desplome de contribuyentes que marcan la casilla | Economía
La Iglesia católica ha logrado una curiosa carambola económica a través del IRPF: recaudar más que nunca justo cuando su base de apoyo social exclusivo se ha hundido a la mitad, al menos en lo que respecta a las aportaciones fiscales. Los números de la Agencia Tributaria dibujan una realidad de contrastes profundos. En el año 2007, el 21,7% de los contribuyentes marcaban la casilla única de la Iglesia, un respaldo que se ha desplomado hasta el 10,1% en 2024, último año con datos. Pese a ello, la caja de la institución no solo no se ha resentido, sino que ha batido todos sus récords. Solo a través de esa casilla, la Iglesia ha pasado de ingresar 143 millones de euros en 2007 (primer año en que los contribuyentes podían destinar el 0,7% de su cuota a la Iglesia o a fines sociales) a alcanzar los 149 millones en el último ejercicio. El motivo es que quienes eligen esa casilla tienen rentas cada vez más altas, por lo que ese 0,7% suma más cada año.
Al enfrentarse a la declaración de la renta ―la campaña actual termina el 30 de junio―, millones de contribuyentes toman una decisión tan rápida como simbólica. Tienen que elegir entre marcar la casilla única de la Iglesia, la de los fines sociales o la opción mixta. También está la posibilidad de dejar todo en blanco. Elegir una u otra no implica pagar más ni recibir menos, pero el gesto da pistas sobre cuál es el sentir de la población respecto a esta institución.
Ante estos números, la Conferencia Episcopal Española, a través de su portavoz, Fernando Giménez Barriocanal, maneja un discurso que transforma el retroceso en una línea de crecimiento. En pleno preparativo por la visita del Papa a España, Giménez Barriocanal explicaba la semana pasada por correo electrónico que la Iglesia cuenta hoy con “prácticamente un millón de declaraciones más” que en 2007, pasando de 6,5 a 7,5 millones de asignaciones. “Por tanto, no sería correcto hablar de un descenso en el número de apoyos a la Iglesia”.
Sin embargo, esta lectura se apoya en el número absoluto para ignorar una pérdida de peso relativo evidente, ya que el tablero se ha hecho mucho más grande. España ha pasado de tener 18,7 millones de declarantes en 2007 a superar los 24,5 millones en 2024. Por tanto, aunque el número bruto de asignaciones suba por inercia poblacional y económica, la capacidad de la institución para aglutinar a los contribuyentes parece menor.

En esos cálculos, además, la Conferencia Episcopal también incluye a los contribuyentes que marcan la opción mixta en la declaración, que suma una asignación a la Iglesia y otra a fines sociales. Desde la Iglesia, prosigue el portavoz, “se anima a los contribuyentes a que marquen las dos casillas”. Con esta fórmula, la suma total de dinero recibido asciende a los 401 millones, mientras que el respaldo poblacional se queda en el 30,6%. No obstante, con esa misma métrica, el apoyo total a la Iglesia en 2007 ―cuando comienza este sistema por el que el ciudadano contribuye con su IRPF al sostenimiento de la Iglesia, de ciertas labores sociales o de ambas opciones― se situaba en el 34,4%, por lo que el descenso proporcional también es evidente.
Rafael Ruiz Andrés, profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid especializado en dinámicas sociorreligiosas, explica que el impuesto sobre la renta es uno de los pocos termómetros que hay para calibrar la relación de la sociedad con la religión católica. Sostiene que las cifras encajan perfectamente con el proceso de secularización progresiva que está viviendo España. Sin embargo, añade, el desgaste en términos tributarios es más suave, entre otras razones porque muchos contribuyentes no creyentes valoran parte de la labor de la Iglesia y se animan a marcar la casilla doble, lo que da un respiro económico a la institución.
La pérdida de peso relativo tiene su reflejo en el Barómetro de Religión y Creencias de 2025. Según este informe, el 54% de los españoles cree que la Iglesia debería autofinanciarse y solo uno de cada cuatro apoya el modelo actual del IRPF. El recelo es especialmente agudo entre los jóvenes, donde el apoyo al sistema cae al 18%.
Rentas más altas
La desconexión entre el éxito económico y la paulatina pérdida de apoyos se explica también por una mutación en el perfil del contribuyente que decide marcar la casilla única. La Iglesia ha dejado de depender del apoyo masivo de las clases medias para refugiarse en la altísima rentabilidad de los tramos de renta más elevados, tal y como refleja una de las notas anexas que acompañan al último informe de recaudación anual de la Agencia Tributaria, publicado recientemente por el organismo del Ministerio de Hacienda.

Los datos de 2024 por tramos de renta son una radiografía clara de esa mayor dependencia de los ingresos más elevados. Apenas 50.300 declarantes con rentas superiores a los 150.000 euros anuales aportan, por sí solos, 47,4 millones de euros a las arcas eclesiásticas. Por su parte, más de 450.000 contribuyentes que oscilan entre los 21.000 y los 30.000 euros por ejercicio logran reunir apenas 12 millones. Es decir, el 2% de los declarantes que marcan la casilla aportan casi el 32% de la asignación única. Para Ruiz Andrés los números son elocuentes, ya que el peso del catolicismo es mayor en los dos extremos de la distribución de la renta: los más ricos y, también, los más pobres.
En este baile de cifras emergen los contribuyentes que prefieren no marcar ninguna casilla, y que destinan los recursos a los Presupuestos Generales del Estado. Su peso ha crecido de forma sostenida, pasando de representar el 31,5% de los declarantes al 39,5% en el periodo analizado, siendo el grupo mayoritario. Barriocanal atribuye este crecimiento a una “falta de información” de los nuevos declarantes. Ruiz Andrés lo achaca, “probablemente”, a que muchas personas, sobre todo de rentas bajas, tienen la idea equivocada de que marcar una casilla u otra implica una pérdida de ingresos.
Brecha territorial y de edad
Esta brecha a la hora de elegir opciones tiene un reflejo geográfico que divide a España. Madrid, por ejemplo, se ha consolidado como el gran pulmón financiero de la Iglesia, aportando 186,7 millones de euros del total nacional, gracias a que el 13,4% de sus ciudadanos mantiene la fidelidad a la casilla única. Si se suma la casilla mixta, como defiende la institución, el porcentaje asciende al 35,9% de las declaraciones.

El contraste con territorios como Cataluña es tajante. Allí, solo el 5,2% de los contribuyentes marca la casilla exclusiva de la Iglesia (15% si se suman las declaraciones combinadas). La Iglesia también tiene un peso relativamente reducido en autonomías como Galicia, la Comunidad Valenciana y los dos archipiélagos, aunque en los datos no se encuentran los números del País Vasco y Navarra por tener sistemas fiscales propios. El portavoz eclesial defiende que estas diferencias son la “expresión democrática” de sociedades con contextos sociales, económicos y políticos distintos. “Somos conscientes de esta realidad y trabajamos cada año para intentar mejorar esta situación”, apunta.

Por su parte, Ruiz Andrés recuerda que, mientras que Cataluña es sin duda el territorio más secularizado de España (junto con el País Vasco o la Comunidad Valenciana), Madrid tiene un porcentaje de ciudadanos no creyentes más reducido que la media nacional por distintas razones, incluyendo una mayor presencia de la migración latinoamericana. Esa realidad, junto con que las rentas altas parecen ser más devotas, hacen de Madrid uno de los polos más importantes para la Iglesia en cuestiones fiscales.
También hay una importante brecha por cuestiones de edad, que encajan con el proceso de secularización del que habla Ruiz Andrés, impulsado año tras año, al menos hasta la fecha, por las nuevas generaciones. Así, mientras que los contribuyentes que superan los 70 años marcan la casilla única en el 19% de los casos (48% si se suma la casilla mixta), los jóvenes de entre 20 y 29 años lo hacen en el 4,9% (15,9% en la opción mixta).
