La City resiste mejor el Brexit que la economía británica | Carta del corresponsal
Los defensores del Brexit bautizaron hace ahora diez años, durante la campaña previa al referéndum de salida del Reino Unido de la UE, como “proyecto miedo” (project fear, en el original en inglés) a todos los pronósticos de catástrofe económica que centros de pensamiento, analistas, expertos y el propio Gobierno de David Cameron vaticinaron si se consumaba la amenaza. Aquella sobreactuación jugó en contra de los partidarios de permanecer en el club comunitario, porque no respondía a la naturaleza de las cosas que una economía tan potente como la británica entrara en quiebra como podría hacerlo una empresa. La realidad es mucho más difusa, lenta y permeable, y se ve afectada por factores múltiples, como pudieron ser en este caso una pandemia y una crisis energética.
Nadie cuestiona a estas alturas que el Brexit ha tenido un balance negativo para el Reino Unido. Pero la tristeza, en este caso, va por barrios. Si las pequeñas y medianas empresas volcadas en la importación o exportación han visto cómo su negocio con el continente se venía abajo, por culpa de un aumento insoportable de la burocracia y los controles aduaneros, la City de Londres, el centro financiero de la capital británica y todavía en gran medida de Europa, ha logrado sobreponerse con éxito a los peores augurios.
Si antes del referéndum se llegó a hablar de una pérdida de hasta 200.000 trabajadores del sector de servicios financieros, porque los bancos y fondos desplazarían al personal a otras plazas europeas, la realidad de las cifras ha sido más modesta. Se calcula que fueron aproximadamente unos 40.000 empleos los perdidos en esta década a causa del Brexit, según un estudio independiente elaborado por la oficina del Lord Mayor of London. Son muchos, indudablemente, pero no una catástrofe si se tiene en cuenta que el sector financiero de la capital británica da trabajo a tres cuartos de millón de personas.
La menor pujanza de Londres obedece a muchas de las mismas causas que provocan también menos fuelle en otras plazas europeas, y tiene que ver con la débil respuesta ante el avance imparable de los grandes bancos estadounidenses y con la economía de ese país, a la que el sector tecnológico ha puesto a competir con gigantes como China. Y esa misma revolución ha hecho que Londres no haya perdido del todo su magnetismo. “En veinte años, el Brexit será una nota a pie de página en la historia de los servicios financieros de esta ciudad”, decía a EL PAÍS hace cinco años el irlandés Vincent Keaveny, que ocupaba entonces el puesto de Lord Mayor. “El verdadero motor del cambio ha sido la tecnología. Lo vemos cada día. Las empresas cambian, desarrollan nuevas ideas y nuevos puestos de trabajo, y todo lo impulsa la tecnología”, decía entonces.
El impulso de la desregulación
Pero la Bolsa británica no ha presenciado durante estos años grandes salidas a Bolsa ni el surgimiento de gigantes tecnológicos. Su ventaja respecto al continente ha residido en una desregulación favorecida por los gobiernos, que podría verse en peligro si sigue adelante la voluntad actual de Downing Street de alinear más su normativa con la de Bruselas. Londres sigue liderando el sector en el trading de divisas, tipos de interés internacionales y sus derivados. Es fuerte en las reclamaciones bancarias transfonterizas, los activos de banca extranjera y la emisión de deuda internacional. Mantiene la segunda posición mundial en manejo de activos de fondos de inversión, inversión directa exterior e inversión en fintechs, según datos del centro de pensamiento y análisis New Financial.
Las pérdidas de Londres, como las de otras plazas europeas, tienen que ver con la irrupción de localizaciones financieras como Singapur, cuya fortaleza es mucho mayor que hace diez años; o con la atracción de muchos millonarios hacia Hong Kong o la instalación de grandes fondos en un lugar tan pujante como Dubái. El gran peligro del Brexit no ha sido tanto el de soltar amarras con Europa como el de estar fuera en el momento en que la UE haga caso al Informe Draghi y cree un mercado único financiero y bancario de verdad al que Londres, por su propia supervivencia, deberá volver a acercarse lo más posible.
Puede consultar otras cartas de esta sección aquí.
