La CIAF elige un laboratorio privado y un segundo público para analizar el raíl roto de Adamuz y su soldadura | Economía
La investigación técnica del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) va a poder dar nuevos pasos decisivos con la próxima entrada de las pruebas recogidas a pie de vía en dos laboratorios seleccionados por la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF). El primero de ellos es el centro tecnológico privado de la asociación gallega Aimen, y el segundo, de titularidad pública, es un laboratorio dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CESIC). Las dos instalaciones elegidas han pasado previamente por el filtro de la titular del juzgado de Montoro (Córdoba), donde se instruye el caso. Y salen de una lista propuesta de la CIAF con la que se ha buscado evitar incompatibilidades con otros laboratorios que mantienen relación con las operadoras de alta velocidad envueltas en el accidente, Iryo y Renfe, o con la gestora de la infraestructura Adif.
La CIAF tiene bajo su custodia muestras de carril y soldadura del kilómetro 318 de la línea Madrid-Sevilla, donde se sospecha que una rotura en el punto kilométrico 318,681 motivó el descarrilamiento del convoy de Iryo el domingo 18 de enero, ocasionando la inmediata colisión del Alvia de Renfe que viajaba en sentido contrario. De los dos laboratorios que van a ser contratados por la CIAF, según adelanta Invertia, el gallego Aimen se estrenará con este caso dando apoyo al organismo independiente adscrito al Ministerio de Transportes.
Con larga experiencia en investigación en materia ferroviaria, el centro pertenece a la asociación privada sin ánimo de lucro Aimen, constituida en 1967 por iniciativa de un grupo de industriales vigueses. En su consejo directivo, presidido por la papelera Ence, se sientan representantes de Industrias Ferri, Ascensores Enor, Construcciones Navales Paulino Freire, Fundiciones Rey, Nodosa, Thune Eureka, Ingeniería y Montajes Rías Bajas, y de la entidad financiera Abanca, entre otras empresas. Su centro de investigación cuenta con laboratorios de metalografía, análisis físico-químico, de ensayos mecánicos, pruebas no destructivas o de estudio de corrosión. Entre las credenciales de Aimen destaca la participación en proyectos europeos para sensorizar vagones y vías, con lo que se facilita un mantenimiento preventivo de infraestructuras ferroviarias.
Esté previsto que en las dependencias de Aimen se lleven a cabo pruebas metalográficas bajo la supervisión de los técnicos de la CIAF y de la Guardia Civil, de la que se ha hecho público esta semana un primer atestado del siniestro en el que no se descartan opciones como el sabotaje. Esas mismas pruebas serán analizadas en el laboratorio público escogido con el fin de cruzar los resultados, que también serán compartidos con la investigación judicial.
El tráfico siniestro de Adamuz dejó 46 víctimas mortales en un tramo de vía recto, anexo al desvío de vía de Adamuz que había sido renovado en el marco del proyecto de remodelación de la línea Madrid-Sevilla, acometida entre 2022 y 2025. Las obras concluyeron entre mayo y junio del año pasado y ninguna de las pruebas realizadas sobre el carril o las soldaduras afloró problema alguno hasta que se desencadenó el descarrilamiento del convoy de Iryo. El suceso ha desencadenado una fuerte tormenta política, con reiteradas peticiones de dimisión al ministro de Transportes, Óscar Puente, y una crisis de confianza sobre el sistema ferroviario, que el Gobierno trata de atajar dotando de mayores medios a las labores de mantenimiento de la infraestructura.
Pruebas
Además de los segmentos de raíles y los fragmentos de las soldaduras, la CIAF cuenta con indicios como las muescas ocasionadas por la rotura de vía en las ruedas de al menos tres trenes que cruzaron por Adamuz (dos de Iryo y uno de Renfe) entre tres y una hora antes del suceso, además de las evidentes marcas en el sistema de rodadura del Iryo descarrilado. Los técnicos también han recogido información de los sensores embarcados en los trenes que circularon por Adamuz hasta dos días antes del accidente, y esperan el volcado de las cajas negras de las dos unidades que colisionaron.
La misión de la CIAF es establecer las circunstancias que rodearon al accidente y su causa, o cadena de causas, para emitir un informe con recomendaciones de seguridad a seguir por el gestor de la infraestructura Adif y las operadoras. Posteriormente es la Agencia de Seguridad Ferroviaria la que vela por el cumplimiento de esos consejos.
Al analizarse una rotura del carril o de la unión entre raíles de distinta fecha de fabricación y grado de dureza, la investigación también alcanza a ArcelorMittal, fabricante de los raíles; la gallega Maquisaba, autora de la soldadura; las ingenierías Redalsa y Ayesa, encargadas de los análisis de este material a pie de obra; las constructoras encargadas de la remodelación de la vía: Ferrovial, FCC, OHLA y Azvi, y a la gestora de la infraestructura Adif y su ingeniería de cabecera Ineco. Además, está siendo analizado el tren de Iryo y su mantenimiento a cargo del fabricante Hitachi Rail, así como los protocolos de comunicación entre los trenes y el centro de control de la circulación, y los avisos a autoridades sanitarias y efectivos de emergencias.
Junto a la contratación de asesoramiento externo, la CIAF ha invitado a participar como observadores a técnicos de la Agencia Ferroviaria de la Unión Europea (ERA por sus siglas en inglés) que han tenido ya acceso a algunas de las pruebas del siniestro.
