La burbuja tecnológica y su impacto real

Según el gran economista Hyman Minsky, los ciclos financieros suelen pasar inadvertidos hasta que desembocan en una crisis de gran magnitud, como la que golpeó a nuestro país hace casi veinte años. Ignoramos si el desplome de las cotizaciones bursátiles vinculadas a la inteligencia artificial, alimentadas por una burbuja de crédito que podría estar a punto de estallar, nos acerca a un nuevo momento Minsky. Lo cierto es que, durante los últimos años, las grandes corporaciones tecnológicas estadounidenses han destinado ingentes cantidades de recursos, financiados principalmente mediante deuda, a inversiones que por ahora no han generado la rentabilidad esperada.
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Deuda
Los mercados bursátiles han reaccionado al resultado electoral en EE UU con pérdidas en los valores tecnológicos más expuestos a eventuales cambios regulatorios. En consecuencia, la inversión se ha desplazado hacia activos más seguros, como la deuda pública. El giro ha permitido una reducción de la rentabilidad exigida por los ahorradores por sus compras de bonos, que en el caso de la referencia española ha descendido desde valores cercanos al 4% hasta el entorno del 3,8% en la actualidad. La presión sobre el conjunto de la eurozona —en particular la deuda francesa— también se ha atenuado.
