Hombres de campo y muchachos de barrio: la tradicional receta argentina para la hazaña de repetir Mundial

A finales de los años cincuenta —en verdad durante casi todo el siglo XX—, el fútbol solía ser ignorado por los medios de comunicación de Estados Unidos. Menospreciado como un hobby de inmigrantes latinos, debía ocurrir un suceso extraordinario para que ese entretenimiento alejado del interés general ocupara un espacio en la prensa, la clase de anomalía —un cometa Halley del deporte— por la que un portal de España o de América Latina llevaría a informar en la actualidad sobre un ídolo asiático de críquet. Y sin embargo, en junio de 1957, la revista Time le dedicó un generoso despliegue a una noticia de soccer surgida en los tobillos del continente: la transferencia de un futbolista bonaerense a un club de Europa. “La República Argentina, caracterizada como gran exportadora de cereales, se ha convertido ahora en exportadora de futbolistas. Enrique Omar Sívori, de 21 años, de cuna humilde, jugador de River Plate de Buenos Aires, ha sido transferido a la Juventus de Italia por la cifra más alta que se haya pagado nunca en este tipo de transacción”, publicó Time, que entonces vendía dos millones de ejemplares por semana.
