Expectativas contra realidad: todo tiene un precio

En diciembre de 1996, Alan Greenspan utilizó por primera vez la expresión “exuberancia irracional” durante un discurso dedicado a los desafíos de la política monetaria. Su uso no pretendía afirmar la existencia de una burbuja, sino cuestionar si el entusiasmo de los inversores había elevado demasiado el precio de los activos. No era la primera vez que las dudas sobre la racionalidad de las expectativas preocupaban a los inversores más prudentes ni, como hemos comprobado posteriormente, iba a ser la última.
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