El mundo se asoma a una deuda más cara: los bonos repuntan a máximos de más de dos décadas

La deuda soberana de EE UU, referente obligado para el mercado financiero global, emitió una señal reveladora la semana pasada. El Tesoro estadounidense vendió bonos a 30 años al mayor interés en un cuarto de siglo, a pesar de que la inflación se ha moderado ligeramente —al 3,4% en julio— y de que se han rebajado las expectativas de un alza de tipos de la Fed en septiembre. Los inversores han puesto las luces largas y, mientras continúa el shock energético por el cierre de Ormuz, tampoco pasan por alto el resto de desafíos que afrontan las grandes economías occidentales: un elevado gasto y déficit públicos que contribuyen a tensionar las rentabilidades de los bonos junto a la avalancha de emisiones de deuda para financiar la IA. Las tecnológicas son un nuevo actor en el mercado de deuda, donde crece la competencia por captar capital. En definitiva, un cúmulo de elementos apuntan a una deuda más cara; el movimiento es estructural y no depende de las apuestas puntuales sobre el próximo movimiento que haga la Fed.
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