El clásico en el que Mou se atrevió con Arda Güler y Bernardo Silva | Fútbol | Deportes

A los fotógrafos les interesó mucho más el barbudo José Mourinho que Hansi Flick. Hacía 13 años que el técnico portugués no aparecía por la banda del Camp Nou. Se despidió entonces con una victoria y regresó por donde se fue, con un triunfo en el minuto 88 en una noche llamada a invertir la pesadumbre y pesimismo que apelmaza a los blancos desde hace dos años.
En una noche tan peliaguda como la que le aguardaba al Madrid, Mou no se agarró a la planta cementera de Tchouameni y Valverde en el centro del campo, sino a los dos pies más finos de la plantilla en el medio: Arda Güler y Bernardo Silva, y, de paso, volvió a mandar al uruguayo al lateral derecho. Desde hace dos semanas, desde el mal trago en Roma con el doble pivote de Tchouameni-Valverde, la libreta del portugués se fue abriendo a otros aires. En todo caso, quedaba el interrogante de qué haría en una cita como esta, si volvería a sus orígenes más duros o confirmaría su apertura. E hizo lo segundo. Dentro de lo que tiene en el vestuario, tiró por la parte estilística ante un Barcelona del que siempre se espera una presión que estruja las vías de respiración y con líneas altas. Bernardo en la base y, en una altura por delante, Güler partiendo desde la derecha fue la respuesta de Mou al tipo de encuentro que le planteaba el Barça. Ambos coincidieron en la alineación en las dos primeras jornadas, ante el Espanyol y Real Sociedad, y no volvieron a hacerlo hasta el Leipzig y ayer en el clásico.
“Combinar talentos nos da más que tener dos jugadores parecidos [en el medio]”, se arrancó Mou en su explicación sobre cómo han cambiado sus elecciones después de Roma. “Bernardo-Güler [juntos en el doble pivote] no lo hago o solo en situaciones de emergencia. Camavinga y Tchouameni, también solo en momentos específicos. Me está gustando la mezcla de talentos, nos da equilibrio para defender y calidad para la organización ofensiva”, desarrolló el técnico, que decidió escalonarlos. Al portugués lo situó junto a Tchouameni y al turco, por delante.
A este todavía le falta un punto de cocción a ojos de Mourinho para ubicarse en el eje sí o sí. Se escoró en esa banda diestra y fue quien más amenazó en el inicio con disparos y pases a las carreras al espacio de Kylian Mbappé. Al portugués, de 32 años y sin muchos kilómetros en las piernas esta campaña, se le hizo largo el envite y acabó relevado por Camavinga en el minuto 80, que dejó la acción del 1-2.
La apuesta por los dos tuvo también su parte simbólica por lo que había enfrente: Rodri Hernández. El pivote campeón del mundo que sonó para el Madrid, pero eligió al Barcelona. Lo que el equipo blanco pondría enfrente del español tenía su morbo y Mourinho dispuso sus perfiles más jugones.
El 0-1 de Mbappé, que llegó a su tanto número 100 con el Madrid, apuntaló a un conjunto que había ido adquiriendo más peso con el paso del minutero. Un gol logrado casi en un rebote tras el despeje de Gerard Martín, pero cosido pase a pase hasta que la pelota llegó a la orilla de Yan Diomande, un martillo pilón toda la cita. Con el sancionado Vinicius en el sofá de casa por segundo partido consecutivo de Liga y preguntándose por la vida (le quedan todavía dos más), el primer beneficio que ofreció el marfileño fue el tajo para correr hacia atrás en una orilla donde más arriba aparecía Lamine Yamal. Al aspirante al Balón de Oro lo esposó muy bien Cucurella.
Pero más allá del equilibrio que aportó su despliegue, el extremo de los 140 millones fue un pájaro carpintero por la derecha y también cuando se metió hacia el centro. Si la cita servía para medir su cuajo y personalidad para afrontar una cita de este tonelaje, la noche resultó feliz para él, que sube enteros en la medida en la que Vini continúa con su hundimiento. El africano se ofreció, bajó, regateó y amenazó.
Bellingham desaprovechó el segundo del Madrid, pero, de repente, Camavinga surgió de su propia neblina para gestar el 1-2 la noche que Güler y Bernardo arrancaron juntos.
