Antonelli se engalana en el GP de EE UU, pero aún no es campeón | Fórmula 1 | Deportes

Kimi Antonelli aporta una nueva perspectiva a la Fórmula 1 por el asombroso salto de calidad que ha dado el piloto de Mercedes respecto del nivel demostrado el año pasado, el de su estreno en un ecosistema tan hostil como el Mundial, lleno de pirañas, cocodrilos y tiburones. Un solo ejercicio ha necesitado el boloñés para dejar claro que su capacidad de aprendizaje es prodigiosa, a la espera de que el muchacho sea capaz de culminar la semana que viene, en México, el currazo que se ha pegado a lo largo de todo el curso. Este domingo, en Austin, el último rodeo que se marcó le deja a un tris de una corona que tiene en el zurrón desde hace ya días, y que si no media una hecatombe le convertirá en el primer italiano en coronarse desde que Alberto Ascari lo hiciera en 1953, en la tercera temporada de la historia del campeonato.
Antonelli saldrá a hombros del circuito Hermanos Rodríguez simplemente con cruzar la meta entre los nueve primeros, coser y cantar para alguien que ha pasado el rodillo, que se ha impuesto en nueve ocasiones y que acumula 15 podios de 18 posibles. El último, en Texas, en un ejercicio de control absoluto ejecutado con una frialdad aterradora y que fue in crescendo a medida que el fin de semana iba avanzando.
El viernes fue de menos a más, pero dejó que todos los flashes dispararan a Ferrari, y eso le chifla a la Scuderia. El sábado por la mañana, más de lo mismo: se quedó a tres décimas de Lewis Hamilton. Antonelli esperó para dar su primer zarpazo a por la tarde, en la cronometrada, cuando se sacó de nadie sabe dónde un vueltón, la única forma de definir lo que hizo, para llevarse su primera pole en tres meses. Y el día de autos, nunca mejor dicho, hizo lo que debía para poder presentarse en México con tiempo de sobra para preparar una jarana más que merecida.
La buena reacción del corredor de Mercedes al apagón de los semáforos coincidió con un semigatillazo de Max Verstappen, que formaba a su lado y que se vio superado por Charles Leclerc en los primeros metros, para recuperarle inmediatamente la plaza al monegasco, pero después de darle al líder aire suficiente como para que se escapara. Con Mad Max pillado a trasmano y George Russell embotellado entre el pelotón, Antonelli simplemente se limitó a sacar tajada del ritmo de su monoplaza para hacer buena la estrategia más previsible, a una sola parada, distinta de la que planteó Verstappen (a dos), obligado a inventarse algo para cambiar el guion.
A Red Bull, estos planes disruptivos ideados sobre la marcha suelen funcionarle más que al resto, aunque esta vez no sirvieran para hacerle el lío al Niño Maravillas de las Flechas de Plata, que pasó los talleres sin ningún problema (vuelta 25) y que se reincorporó a la pista y esperó, paciente, que las gomas blandas que había colocado Verstappen se terminaran de cocer, y le eliminaran de la gresca por el triunfo. El podio lo completaron Leclerc y el estilete de la marca del búfalo rojo, por más que ninguno de ellos tuvo ninguna opción de echarle mano a Antonelli, que se dio un plácido paseo por Austin y un meneo de aúpa a sus rivales.
Si el holandés casi colapsó, todavía más negro lo tuvo George Russell. El británico encaró este Mundial con la misión de utilizar los galones que se le presuponían para abanderar el asalto de Mercedes a la corona. Sin embargo, ¡oh sorpresa!, un veinteañero se le coló en el plano para robarle su papel y, de paso, el título. Si Russell ya lo tenía peludo para impedir el alirón de su vecino, la sanción de cinco segundos que le cayó por salir de pista y aventajarse de ello le eliminaron completamente de la ecuación. Su octava posición únicamente aplazó unos días un entorchado de Antonelli que ya hace semanas que se da por hecho.
Fernando Alonso terminó el 16º y Carlos Sainz, el 18º, ambos absolutamente a un mundo de la zona caliente.
