Democracia en el Real Madrid, ‘ma non troppo’ | Fútbol | Deportes

El Real Madrid afronta su primer desafío electoral significativo en más de veinte años. El club de fútbol con mayores ingresos y valoración del mundo convoca elecciones por unos resultados deportivos que han empujado a Florentino Pérez a dar un golpe de timón, buscando refrendar el apoyo de los socios y reducir el margen de maniobra de su rival, Enrique Riquelme. Si el Madrid hubiera ganado la Champions, el actual presidente habría agotado su mandato en 2029. Ahí radica la paradoja central de esta industria: el resultado sobre el césped es el filtro a través del cual se juzga todo lo demás. En cualquier otra empresa, el análisis de la gestión pasaría por la cuenta de resultados, la gobernanza y la gestión del talento.

El Real Madrid no tiene accionistas, sino algo más poderoso y volátil: un accionariado emocional que en los buenos tiempos es su mayor activo y, en los malos, su mayor amenaza. No es una anomalía, sino una característica estructural del club deportivo tradicional, que da lugar a una nueva paradoja: El modelo de club de socios se presenta habitualmente como el más democrático del fútbol, frente a los fondos de inversión o los propietarios individuales. En teoría, los socios del Madrid son sus dueños. En la práctica, competir por la presidencia exige una antigüedad de dos décadas como socio y un aval económico que ronda los 190 millones de euros: la democracia existe, pero muy controlada. Es frecuente que la asamblea, como ocurre en tantas federaciones, entidades deportivas o incluso partidos políticos, vote a mano alzada. Dicho voto no elimina la democracia, pero la empobrece y desalienta la discrepancia.

Todas esas limitaciones en la gobernanza también condicionan el tipo de alternativa que puede aparecer. Hay algo de gatopardismo en esta nueva candidatura: la promesa de cambio no necesariamente altera la arquitectura del poder, sino que puede limitarse a rejuvenecerla. La lista de Riquelme no representa una ruptura profunda con los códigos que han definido al club en las últimas décadas, sino una versión generacionalmente renovada de ese mismo ecosistema: perfiles empresariales, capital relacional, capacidad económica y una mirada institucional no tan alejada de la actual. En un sistema donde competir exige patrimonio, antigüedad y acceso a determinados círculos, lo que emerge difícilmente puede ser una impugnación completa del modelo. A veces, el cambio consiste apenas en que todo se parezca mucho, pero con treinta años menos.

La prueba más elocuente de cómo el fútbol procesa sus crisis es la cobertura mediática de la candidatura alternativa. En casi todas las entrevistas concedidas por Riquelme, las preguntas giran en torno a fichajes: quién viene, quién se va, qué delantero o entrenador se quiere traer. Casi ninguna sobre modelo de gestión, estructura directiva o proyecto institucional a largo plazo, con la excepción de los porqués de esa potencial y poco explicada venta del 5% del club. Tampoco el Real Madrid femenino, quizá uno de los mejores termómetros para medir la visión de futuro de un club global, parece haber ocupado un lugar central en la campaña ni en las preguntas de la prensa. El fútbol sigue diagnosticando sus problemas en clave deportiva, no en clave organizativa, de gobernanza o de visión. El síntoma se trata con más síntoma.

Los clubes que han construido una identidad más allá de los resultados (un estilo reconocible, unos valores, una forma de entender el club) atraviesan mejor los ciclos malos. El Madrid ha construido su relato casi exclusivamente alrededor de la victoria. Eso lo ha hecho extraordinariamente poderoso durante décadas, pero también extraordinariamente expuesto cuando los trofeos dejan de llegar. La grandeza del modelo es, al mismo tiempo, su fragilidad.

Las elecciones del Real Madrid son mucho más que un proceso interno. Son un espejo de algunas contradicciones profundas del fútbol moderno: resultado y proyecto, participación y poder, retórica democrática y mecanismos reales. El problema no es que el Real Madrid no sea democrático. El problema es que su democracia está diseñada para que casi nadie pueda disputarla.

Marian Otamendi es CEO de World Football Summit.

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