Courtois y la generación que se mueve entre el oro y el conflicto | Mundial 2026 de Fútbol

Al fútbol le gusta envolver en etiquetas grandilocuentes a los equipos que marcan una época. La más recurrente es la de la generación de oro. La primera, y seguramente la más recordada, fue la de los Magiares Mágicos de Hungría en 1954. Suele ocurrir con las selecciones menos glamurosas, aquellas cuya producción de estrellas mundiales no es inagotable. Brasil nunca necesitó una. Si hubiera que adjudicarle una, habría tantas generaciones de oro que resultaría injusto detenerse solo en la de 1970. Algo parecido sucede con España: nadie discute el legado de Casillas, Xavi y compañía, pero apenas una década después ya asoma otra camada, con Lamine Yamal como estandarte, dispuesta a desbancarla o, al menos, a compartir su lugar. Bélgica, en cambio, recorre el camino inverso: asiste al lento adiós de un grupo tan brillante como conflictivo que se resiste a bajar el telón en Estados Unidos, México y Canadá. Así lo entiende uno de sus últimos grandes referentes, Thibaut Courtois.

“Estamos felices de llegar a un partido de alto nivel, de estar en los últimos ocho. Creo que es bonito para nosotros como país porque tampoco somos ya la generación dorada de 2018, pero sí tenemos un buen equipo. Contra Senegal y Estados Unidos lo hemos demostrado”, expuso Courtois. Junto a Lukaku y De Bruyne, forma parte de los últimos grandes exponentes de una camada que se coló entre las tres mejores selecciones del mundo en Rusia 2018, por entonces con el español Roberto Martínez al mando del equipo.

Hoy Courtois está más solo: Lukaku y De Bruyne arrancan los duelos, si los arrancan, desde el banquillo, mientras que Martínez saltó de Bélgica a Portugal. “Esta generación va a inspirar durante los próximos 20 años. Gracias a su progreso hemos creado instalaciones de vanguardia para las próximas generaciones. Deja un legado”, subrayó en su día el preparador español, hoy en el paro, tras dejar la selección lusa después de la derrota en octavos de final ante España.

El legado al que se refería Roberto Martínez era el mismo que la generación de 2018 había heredado de la de 1986. Aquel equipo, liderado por un joven Enzo Scifo de apenas 20 años, cayó en semifinales frente a la Argentina de Diego Maradona. Hoy, esa herencia la sostienen Tielemans (29), Trossard (31), Openda (26) y Theate (26). A su sombra crecen Doku (24), De Ketelaere (25) y Debast (22). Hay, en cualquier caso, otra herencia: la de los conflictos. En la remontada ante Senegal, Tielemans y Trossard se enzarzaron en una acalorada discusión pública durante la pausa de hidratación. “Lukaku intentó calmarlos, pero me gusta. Significa que tenemos un equipo con carácter… Querían ganar desesperadamente”, justificó Rudi García, su entrenador.

La pelea trajo viejos fantasmas. Bélgica llegó al pasado Mundial de Catar envuelta en una tormenta. La derrota ante Marruecos en la segunda jornada de la fase de grupos destapó tensiones que llevaban tiempo acumulándose. El periódico deportivo francés L’Équipe publicó que Kevin De Bruyne, Eden Hazard y Jan Vertonghen protagonizaron una fuerte discusión en el vestuario que tuvo que ser frenada por Lukaku. La noticia corrió como la pólvora y Roberto Martínez respondió con dureza. “Hay más interés en encontrar noticias negativas sobre este equipo que en apoyar a la mejor generación de futbolistas de la historia del país”, defendió entonces el seleccionador. Finalmente, Bélgica no logró clasificarse para los octavos de final.

Del tercer puesto en Rusia 2018 a caer eliminada con ruido interno en la fase de grupos de 2022. Pero el conflicto siempre estuvo latente en Bélgica: esta generación se construyó bajo el silencio de dos de sus máximos referentes. Courtois y De Bruyne apenas se dirigían la palabra desde el triángulo amoroso que los enfrentó en 2013. “Le pregunté a Kevin si quería que Courtois se fuera y me dijo que no”, confesó tiempo después Marc Wilmots, entrenador de Bélgica en el Mundial de Brasil 2014. En aquella ocasión, Bélgica perdió ante Argentina en cuartos de final.

En Estados Unidos, México y Canadá, 12 años después, Courtois sigue esquivando conflictos. Lo hace también su selección, por supuesto. “La gente ha tenido un poco de equivocación con nosotros. Hemos visto que Egipto también es un rival duro, el segundo partido contra Irán no jugamos mal, es fácil decir que no hay ritmo. El tercer partido lo llevamos bien y los otros dos han sido más abiertos”, reivindica el portero del Madrid. Pero no lleva el brazalete; tampoco lo tienen De Bruyne ni el pacificador Lukaku.

“Tielemans genera unanimidad en el grupo. Es el vínculo entre la gran generación y los más jóvenes”, explicó, en su momento, Rudi García. Entre él y Trossard, obviamente con alguna pelea de por medio, lideraron a Bélgica hasta los cuartos de final. Trossard, de hecho, fue el jugador que más ocasiones generó en el cruce de octavos frente a Estados Unidos: 17.

“Frente a España será un partido especial, difícil para nosotros. Ellos son favoritos, eso está claro: están jugando bien y todavía no han encajado. Para nosotros será primero intentar hacer un gol y después no encajar. Hay que estar al 100 % o más concentrados para no darles espacios”, concluyó Courtois.

No le molesta el ruido. Fue el líder de una generación que se forjó entre el conflicto y el oro.

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