Chips de IA, de reto a ventaja competitiva | Opinión
La dinamización tecnológica que está impulsando la inteligencia artificial está favoreciendo una etapa dorada de innovación, pero también una revitalización económica que no solamente se nota en los mercados bursátiles, sino en los puntos de inflexión que se están generando en el escenario geopolítico internacional.
El éxito marcado por Wall Street refleja esta euforia por la inteligencia artificial, llegando en julio a registrar índices en máximos que no se veían desde 2020. Se trata de un segundo trimestre donde las ganancias de las acciones de semiconductores y el impulso tecnológico de la IA han propiciado el mejor rendimiento en seis años, a pesar de los aranceles y los sucesivos vaivenes del conflicto en Ormuz.
La soberanía tecnológica marca el ritmo de la rivalidad entre Washington y Pekín, y tras alcanzar los modelos chinos de IA capacidades similares a las estadounidenses, contar con chips adaptados a estos modelos se está convirtiendo en el gran reto para maximizar sus ventajas competitivas. Alibaba y Baidu figuran entre las primeras tecnológicas en desarrollar sus propios chips, lo que supondrá para Huawei ir perdiendo paulatinamente cuota de mercado, esto es, capacidad financiera de innovación.
Ahora es el turno de DeepSeek, que apenas acaba de entrar en la carrera por los chips de IA a medida tomando el control del hardware que soporta sus modelos. Estos desarrollos específicos no solo supondrán reducir su dependencia de Nvidia y Huawei, sino que podrían marcar uno de los puntos de inflexión más destacados en la carrera por la IA, donde la velocidad de innovación de DeepSeek ya no dependerá de la disponibilidad de tecnología extranjera ni de chips no especializados fabricados a nivel local.
DeepSeek volvía así a sorprender a la industria de la IA contratando a ingenieros de diseño de chips, según información de Reuters, pasando de depender de las restricciones de exportación impuestas por Washington a contar con una significativa ventaja competitiva. De precursor de un modelo de IA de código abierto, que está siendo ampliamente utilizado para fomentar un despliegue industrial masivo, DeepSeek podría pasar a liderar la propuesta china del diseño de chips de inferencia, los utilizados en el nivel de computación de IA para generar respuestas a los usuarios cuando el modelo ya está entrenado.
La priorización de manufactura de estos chips de forma local aportaría, asimismo, mayor ventaja competitiva no solo a DeepSeek, sino también al resto de titanes chinos que podrían adoptar su chip de inferencia de IA como un estándar de la industria, de igual forma que el modelo de DeepSeek sirvió para impulsar mejoras en los modelos que otras tecnológicas chinas ya tenían desarrollados.
El camino elegido por DeepSeek supone una elevada inversión, pero situarse como referente en la computación de IA con chips especializados, más económicos y con menor gasto de energía, podría llevar la carrera por la IA a un nivel de máxima rivalidad entre Washington y Pekín. Para Nvidia, en concreto, supondría caer por debajo de la cuota del 8% que los analistas de Bernstein pronostican para la tecnológica estadounidense en 2026, después de treinta años de operar en China y llegar a dominar el 95% del mercado.
El paso dado por DeepSeek ya es tendencia entre las tecnológicas estadounidenses. OpenAI cuenta desde hace un mes con su propio chip de inferencia, conocido como Jalapeño y desarrollado junto a Broadcom. Como respuesta, Anthropic ya ha anunciado su interés por desarrollar sus propios chips en colaboración con Samsung, aunque seguirá confiando en Nvidia, Google y Amazon como socios de hardware.
Cuando los chips de IA podrían pasar de ser un reto a una ventaja competitiva para las tecnológicas chinas, las dinámicas de la industria se mueven ahora hacia la restricción de acceso a los modelos más avanzados desde el exterior por considerarlos un elemento esencial de seguridad nacional. Una medida similar a la tomada por Washington sobre los modelos de Anthropic el pasado mes de junio.
Así, la carrera geopolítica por la IA acelera la velocidad de adaptación a los nuevos escenarios tras el paso dado por Anthropic de eliminar las restricciones de acceso a Fable, la propuesta diseñada para el público general, tras incorporar la empresa nuevas medidas de seguridad. Este cambio no afectaría a Mythos, la versión para profesionales de la ciberseguridad, que seguiría manteniéndose disponible únicamente para organizaciones estadounidenses de confianza. Una reflexión sobre cómo regular el acceso a los modelos de IA que también comienza a reclamarse entre miembros destacados de la industria de ciberseguridad de China, que proponen que el país debería tener su propio Mythos.
Y mientras en Estados Unidos se intensifica el debate sobre la necesidad de disponer de una regulación común para la IA al no contar con una ley federal unificada, a diferencia de la Ley de IA lanzada por la Unión Europea, la euforia que rodea a la industria de la IA en Estados Unidos y China no parece alcanzar a las tecnológicas europeas, que apenas son representativas a nivel global del ecosistema que está generando la inteligencia artificial.
Trascender fronteras
La agilidad de adaptación y el espíritu competitivo demostrado por las tecnológicas estadounidenses y chinas están marcando el ritmo de la rivalidad entre Washington y Pekín, dinámicas que están impactando sobre el desarrollo tecnológico global, pero también sobre el tablero geopolítico por las implicaciones económicas asociadas a la IA.
En este contexto también compite la Unión Europea, aunque las medidas adoptadas hasta el momento no terminen de generar la misma tracción en la industria de la IA europea. De ahí que entre las reflexiones y decisiones a tomar por parte de la UE debería estar impulsar el desarrollo de aplicaciones específicas de IA que trasciendan fronteras. Una apuesta por fomentar los futuros estándares para determinados sectores e industrias a nivel mundial, buscando reducir la dependencia estructural de tecnología extranjera cada vez mayor, mientras se evita que futuras restricciones de acceso de carácter geopolítico impacten económica y tecnológicamente sobre Europa.
