Argentina en 2026 como en 1990: un campeón defensor que llega a la final con espíritu de supervivencia | Mundial 2026 de Fútbol
La Argentina de Lionel Messi avanzó en gran parte de su recorrido por Estados Unidos en el Mundial 2026 como lo había hecho la de Diego Maradona en Italia 1990, dos versiones diferentes de la Albiceleste pero entrelazadas por varios puntos en común, en especial por su espíritu de supervivencia durante sus dramáticos recorridos hasta ambas finales, contra Alemania Federal hace 36 años y ante España este domingo.
Sin embargo, si hasta ahora la comparación resultó conveniente para los sudamericanos, la Roja puede confiar en que también se repita el último paso de la aventura argentina en Italia, cuando perdió 1-0 en la definición ante Alemania y no consiguió el bicampeonato, una misión imposible desde que la consiguió el Brasil de 1958 y 1962, aunque otra vez a 90 minutos del alcance de la Albiceleste.
Campeones defensores de los títulos que habían ganado en México 1986 y en Qatar 2022, los equipos de Carlos Bilardo y Lionel Scaloni eludieron los partidos de fases de eliminación directa con altas dosis de sufrimiento, más tropezando que desfilando, siempre al borde del precipicio, pero siempre también sobreviviendo y sin dejar de avanzar hasta la final. Lejos del techo futbolístico que habían alcanzado cuatro años atrás, ambas selecciones igualmente encontraron su mejor expresión colectiva en las semifinales, desactivando a la local Italia en 1990 y avasallando a Inglaterra en la furiosa media hora final del miércoles pasado en Atlanta.
La comparación, como todas, no es calcada. La Argentina modelo 2026 ganó los siete partidos que jugó en Estados Unidos —contra solo dos victorias sobre siete presentaciones de la versión 1990— y nunca recurrió a la definición por penales como sí necesitó la Albiceleste de hace 36 años, aunque sí de dos tiempos suplementarios, contra Cabo Verde en dieciseisavos de final y frente a Suiza en cuartos.
Los muchachos de Scaloni, además, desfilaron en primera ronda, con tres triunfos consecutivos, y tienen el gol fácil: llevan 19 en las siete presentaciones, con un excelente promedio de 2,71 por partido, contra los cinco que anotaron los del 90 en la misma cantidad de encuentros, un escuálido 0,71. Mientras Maradona atravesó durante Italia 1990 su único Mundial sin convertir goles, Messi llega a la final de 2026 con su récord personal en las Copas del Mundo: ocho tantos.
De la Argentina de 1990 se podría filmar un documental: no llegó a la final tanto por sus méritos futbolísticos, sino por su capacidad para sobrevivir situaciones límite, muchas veces al borde de la eliminación. El campeón defensor de 1986 perdió 1-0 en su debut ante Camerún, una sorpresa mayúscula que llevó a Bilardo a una de sus mayores locuras. El técnico más aferrado a las cábalas recordó entonces que, en México 1986, Argentina se había consagrado campeón con pantalones íntegramente negros, acorde al diseño de Le Coq Sportif, la empresa que le confeccionaba la ropa a la Albiceleste. En Italia 1990, sin embargo, Adidas había iniciado su contrato con la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y confeccionó pantalones con sus características tres tiras, estrenadas ante Camerún.
Tras la derrota ante los africanos, Bilardo —con el aval de Julio Grondona, el presidente de la AFA— mandó a descoser esas tres tiras blancas y Argentina jugó su segundo partido, ante Unión Soviética, con pantalones enteramente negros, como en México 1986, ante la desesperación de los gerentes de Adidas, que recién se enteraron del arrebato textil-cabulero del técnico cuando los jugadores ingresaron al campo de juego. La Albiceleste ganó por 2-0 y en el tercer partido terminaría clasificándose a los octavos de final como uno de los mejores terceros de la zona de grupos tras un discreto empate por 1-1 contra Rumania. Argentina usó entonces pantalones blancos con las tiras negras de la empresa alemana porque, ante la presión de Adidas, la AFA había aceptado un híbrido: volver a vestir pantalones que muestren el logotipo de la marca, pero siempre y cuando no fueran negros. El insólito trato se mantuvo el resto del Mundial.
Esa Argentina estaba dispuesta a mucho más que las cábalas, también a perjudicar la salud de sus rivales, y ya en los octavos de final cometió ante Brasil una de las mayores vergüenzas de los Mundiales: al costado del banco de suplentes del equipo de Bilardo fueron colocados dos bidones con agua para que los jugadores se refrescaran en medio de las detenciones del partido. Uno de ellos estaba mezclado con dosis de Rohypnol, el nombre comercial de un fármaco depresor del sistema nervioso central que provoca relajación muscular y somnoliencia.
Ante una interrupción del juego en el clásico sudamericano, un auxiliar del cuerpo técnico ingresó al campo de juego con los dos bidones: los argentinos sabían que no debían beber del que estaba marcado con verde. Cuando Branco se acercó al lugar, fue invitado por sus rivales para que se hidratara: el defensor brasileño contaría años después que jugaría el resto del partido mareado y con ganas de vomitar, víctima del fármaco.
Argentina ganó ese partido de milagro, 1-0 con gol de Claudio Caniggia tras una gran jugada de Maradona, luego de que tres remates brasileños se estrellaran en los postes del arco de Sergio Goycochea. En la instancia siguiente, por los cuartos de final, el campeón defensor empató 0-0 durante los 120 minutos ante la última Yugoslavia antes de su desmembramiento y se llevó la clasificación en una dramática tanda de penales: Maradona erró el suyo y Goycochea se convirtió en héroe al atajar dos.
Ya en semifinales, Argentina sí jugó un buen partido ante Italia, la local, y forzó nuevamente otra definición por penales tras un empate (1-1) con un nuevo gol de Caniggia. Goycochea otra vez contuvó dos remates para el que sería el último festejo albiceleste, antes de perder en la final —ya con un equipo muy diezmado por lesiones y expulsiones— contra Alemania Federal, un partido en el que Maradona respondió con insultos a los silbidos de los hinchas italianos durante el himno argentino.
En medio de la combustión, decidido a encender a sus jugadores como sea, Bilardo había mandado a cortar una bandera argentina que flameaba en la concentración en Roma pero les dijo a sus muchachos que los responsables de esa ofensa habían sido los empleados italianos que trabajaban en el complejo hotelero-deportivo.
En sus siete triunfos consecutivos, el equipo de Scaloni no eliminó a Italia ni a Brasil aunque sí a Inglaterra, más que un clásico deportivo para los argentinos. En su camino a la final necesitó el tiempo suplementario para vencer a Cabo Verde, perdía por 2-0 ante Egipto y lo revirtió en los últimos 11 minutos; superó a Suiza en una nueva prórroga y volvió a dar vuelta una derrota contra Inglaterra en los seis minutos finales.
Hace 36 años y ahora, con más o menos dosis de fútbol y garantía de goles, con Maradona o Messi, Argentina repite sus anticuerpos para evitar la derrota. Al menos hasta su llegada a la final.
