Alberto González (Cabify): “Cuando salgo a correr lo hago para que mi vida vaya más despacio” | Entrevistas Afterwork | Negocios

En Linkedin, Alberto González, responsable del negocio de Cabify en España, se define como una persona dinámica, entusiasta y optimista. En las distancias cortas, el madrileño de 36 años hijo de una bibliotecaria y un abogado y empresario reconoce que lo que más le ayuda a mantener el equilibrio entre lo personal y lo profesional son los momentos de desconexión.
Pregunta. Nació en la noche de Reyes. ¿Fue un regalo para sus padres o una tortura?
Respuesta. Creo que fui un regalo, no he dado muchas sorpresas y he sido un niño bastante bueno.
P. Empezó en el despacho de abogados de su familia ¿Le gustó estudiar derecho?
R. Estudié derecho más que por vocación, por seguir los pasos de mi padre. En el despacho aprendí las bases del día a día en una empresa pequeña. He heredado el lado emprendedor de mi padre. Trato de equilibrarlo con un lado más personal volcado en aspectos donde no solo la ambición vale.
P. ¿Qué medio de transporte usa para ir a trabajar?
R. Voy en coche, vivo un poco lejos del trabajo, en Boadilla. En Cabify tenemos que lograr ayudar a conectar el centro con la periferia. En ciertos momentos hago uso del carsharing, y más de una vez al año, para oxigenarme en momentos de estrés, me bajo corriendo. Son unos 25 kilómetros, cruzas Majadahonda, Pozuelo… entras en Madrid por la casa de campo. Es muy bonito.
P. ¿Cuánto le dedica al trabajo?
R. De lunes a viernes la dedicación casi es plena. Tengo una niña de cuatro años, la veo por la mañana y a última hora casi todos los días, pero mi jornada puede tener 10-12 horas.
P. Usted está muy lejos de la jornada de 35 horas…
R. En Cabify hemos visto la historia de la empresa. A mí me tocó hacer el despliegue y la apertura de un mercado, en República Dominicana, eso no atendía a horarios. Hoy tenemos la capacidad de que los equipos tengan conciliación. Somos unas 500 personas en España.
P. ¿Habla con los conductores que trabajan en la empresa?
R. En Cabify tenemos tres verticales distintas, y una flota con más de 4.000 conductores. No tengo la responsabilidad directa de llegar a los conductores, pero con ellos es con quien más aprendo y lo que más me gusta hacer. Con más de un conductor he salido a comer, con muchos me tomo un café, y cada vez que viajo a alguna de las ciudades donde tenemos plantilla, lo primero que hacemos es una ronda de acercamiento. Porque es muy fácil perderte en los números. He sido conductor de Caby, no porque me contratasen, sino porque la empresa ha desarrollado proyectos para que, nosotros, como empleados, nos pondamos en la piel de conductores.
P. ¿Le ha pasado algo, como que alguien le haya vomitado en el coche de vuelta de una discoteca o fue una experiencia ranquila?
R. Lo hice en República Dominicana, te permite entender lo que implica estar sentado ocho horas sentado en un vehículo diariamente, la ansiedad que eso produce, las personas que pasan por ahí. Tenemos que tener conciencia sobre eso. Movemos personas, no paquetería, sin quitarle importancia a lo segundo.
P. ¿Qué le gusta hacer cuando no trabaja?
R. Busco un estilo de vida de desconexión. No uso las redes sociales. Salgo mucho a correr, me gustan cosas muy básicas, soy un aficionado a parrillas.
P. ¿Dónde ha pasado las vacaciones?
R. Siempre que me lo permite el tiempo me voy a República Dominicana. Viví dos años, allí empezó mi proyecto en Cabify, cuando me tocó volverme se quedó una parte de mí allí. Me voy a un plan muy natural, alquilo un coche y me voy con mi mujer y nuestra hija a desconectar.
P. ¿Y los fines de semana?
R. Mi mejor momento de la semana son los viernes por la tarde-noche. Casi todos bajo a Malasaña. Suele elegir la jefa, mi hija, dónde quiere cenar. Solemos elegir un plan de parque con una librería y sitio de cenar que le guste a ella.
P. ¿Un viaje exótico que recuerde?
R. Un viaje con mochila por Asia. Estuve en una isla un poco estrambótica se llama Sumba, en Indonesia. Es una isla muy poco conocida, un lugar cristiano en un país musulmán, es una auténtica maravilla.
P. ¿Le gusta la gastronomía?
R. Me gustan las cosas muy sencillas. El plan que más me gusta es irme a ver fútbol y hacerme mi bocadillo. Cuento con una mano, y me sobran dedos, las veces que voy a un restaurante de más de 60 euros a cenar al año.
P. ¿Es deportista?
R. Me gusta correr con mi mujer, que también es runner. Nos hemos apuntado a medias y maratones.
P. ¿Qué marca tiene?
R. Tengo las tres maratones de Madrid, la he hecho en 3 horas y 35 minutos. No es ni muy buen tiempo ni malo. Cuando salgo a correr lo hago para que mi vida vaya más despacio, lo suelo hacer para ralentizar el ritmo. No corro para competir. Compagino varias carreras a lo largo del año.
P. ¿Tiene amigos de toda la vida o que van y vienen?
R. Tengo mi grupo del cole, de 10-12 amigos, y obviamente alguno más que vas haciendo por el camino. Hago mucha vida familiar con mis cuñados y hermanos.
P. ¿Una cualidad que valore en los demás?
R. Lo que más me atrae es el ser normal, terrenal. Puede parecer obvio pero…
P. ¿Una virtud y un defecto?
R. Creo que soy alguien cercano. Y aunque algo menos que antes, puedo ser un poco cabezón.
P. Usted trabaja en una empresa que, cuando nació, no existía. A su hija seguramente le pasará lo mismo. ¿Cómo afronta la educación?
R. No prohibimos, utilizamos el sentido común. Tratamos que esté más fuera de casa que dentro [vive en una casa unifamiliar]. La semana pasada creo que no hubo nadie en Madrid que haya cogido más piñones que yo. Le enseñamos las cosas que nos gustan hacer a nosotros, va a un colegio normal…
P. ¿Un sueño por cumplir?
R. Ser más dueño de mi propio tiempo. Espero tener más espacio para poder dedicarme a hacer cosas personales, escuchar música, hacer más deporte, subirme a más aviones. Siempre he tenido en mente sacarme el título de piloto, he hecho varias travesías de ida y vuelta a Sao Paulo, con el amigo piloto, acompañándolo. El modo avión me da desconexión.
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