Afonso Eulálio, un portugués duro e irreverente que resiste de rosa en el Giro de Italia

“El 13 de mayo en Cova de Iría bajó de los cielos la virgen María…” Así se cantaba en los colegios de la católica España hace unas décadas y más aún se entonaba en la catolicísima Portugal, donde reinaba la virgen de Fátima, cuya aparición ya no significa nada en la descreída Portugal de la tercera década del siglo XXI, al menos para Afonso Eulálio, hermoso de rosa Giro siempre, que se proclama “obrero del pedal” y sonríe irónico cuando se le ordena que, dado que se vistió de líder de la corsa rosa antes del atardecer de un 13 de mayo en la italiana Potenza después de haberse caído y levantado, y dado que él no es un ciclista importante, deberá considerar que su triunfo es un milagro. “Para nada”, responde el lunes, día de descanso del Giro, en teleconferencia desde el hotel Acapulco de Forte dei Marmi, costa toscana, donde reposa con su equipo, el Bahréin. “No creo en los milagros. Confío más en mi trabajo”.
