Tres dudas razonables y un pecado capital detrás del colapso de la red ferroviaria
Los economistas son expertos en predecir el pasado, reza el dicho. Muchos especialistas se atribuyen en estos días advertencias bien fundadas sobre las taras que arrastraba el sistema ferroviario y que terminaron provocando siniestros como los de Urda o Adamuz. La liberalización de la alta velocidad, la brecha generacional entre los cuadros tanto de Renfe como de Adif, el déficit de inversiones… Es verdad que conspicuos servicios de estudios, ilustres analistas y hasta la tozuda realidad, regada por episodios cada vez más recurrentes de incidencias en el servicio, alertaban de que algo no iba bien. Sin embargo, ante un desenlace de tan extrema gravedad y más allá del detonante final, probablemente nada pueda explicarse sin una suma continuada de factores. Hay evidencias sobre el funcionamiento del sistema, de hecho, que invitan a una reflexión en profundidad no tanto sobre lo sucedido -que también-, sino sobre cómo reconstruir en el medio y largo plazo la confianza en un medio de transporte devastado en el corto. Los dilemas son múltiples.
Seguir leyendo

