El largo camino para la reconquista de Gucci del hombre que salvó Renault | Negocios

El día 16 de abril de 2026 Luca de Meo cogió el micrófono ante decenas de inversores y periodistas en un acto en Florencia, les dijo “abróchense los cinturones” y se puso a hablar de lujo. Aunque el directivo milanés sabe mucho más de coches que de bolsos o perfumes, ese día presentaba su plan de transformación para Kering, el gigante francés dueño de Gucci, sumido en una profunda crisis desde hace tres años. “En resumen, un modelo que ha funcionado durante una década hoy ya no es efectivo”, concluyó ante los presentes, tras detallar durante tres horas su plan estratégico.

Porque si en algo es experto Luca de Meo (Milán, 1967) es en rescatar empresas en apuros, vendan coches eléctricos o alta joyería. Lo hizo al mando de Renault entre 2020 y 2025 con Renaulution (juego de palabras entre Renault y revolución) y ahora trata de repetir la hazaña con Reconkering.

El ejecutivo asumió la dirección general del grupo en septiembre de 2025, tras ser nombrado en abril. Ese año las ventas del grupo cayeron un 13%, principalmente lastradas por Gucci, con un descenso del 22%. Es su firma más emblemática y representa el 40% del negocio del grupo, así que su declive es uno de los principales quebraderos de cabeza.

Por ello, no es casual que Reconkering no se presentara en París sino en Florencia, donde se fundó y tiene la sede Gucci. Como De Meo tiene más de dos décadas de experiencia en el mundo del automóvil, había gran expectación por conocer sus planes dentro de un sector tan distinto. El directivo ha trazado una hoja de ruta para cada una de las 11 marcas, además de Gucci, Yves Saint Laurent, Balenciaga o Bottega Veneta, con el objetivo de que retomen este mismo 2026 la senda del crecimiento. Más a largo plazo, el reto es que la empresa vuelva a ocupar su lugar en el podio mundial del lujo, pues hoy Chanel o Hermès le han tomado la delantera.

A finales de julio, tres meses después de la presentación del nuevo plan de negocio, Kering presentó unos resultados semestrales por primera vez en mucho tiempo por encima de las expectativas. En conjunto la facturación creció un 1%, el beneficio se redujo a la mitad pero se logró contener la caída de Gucci en el segundo trimestre, con un descenso en las ventas del 3%, frente al 14% del primer periodo. No son cifras boyantes, pero sí algo mejores de lo que esperaban los analistas, que apostaban por caídas más acentuadas. La acción se disparó un 11%.

El remedio del directivo para frenar la deriva de Kering es colocar el “verdadero lujo” en el centro de la estrategia, en un momento en el que muchas marcas del sector, en un intento por conquistar nuevos consumidores en plena caída de la demanda en China, han tratado de hacer sus productos más accesibles, lo que en lujo significa menos deseables.

Se ha fijado un plazo de cinco años, igual que en Renaulution, dividido en tres fases: el reset o reinicio para este mismo año, la reconstrucción de cara a 2028 y la reconquista del liderazgo en el horizonte de 2030, fecha para la que se espera lograr un crecimiento en línea con el sector, entre el 5% y el 9%, según las proyecciones de Bain&Company.

Una de las medidas para sanear la economía pasa por reestructurar la red de tiendas y cerrar 250 de las 1.700 que tiene el grupo en todo el mundo. Ya el año pasado se clausuraron 75 establecimientos de las diferentes marcas y este año se van a cerrar un centenar más. Desde la llegada del nuevo consejero delegado, la venta de activos inmobiliarios ha permitido reducir el nivel de deuda a 3.300 millones de euros en junio, frente a los 8.000 de finales de 2025. Además, el grupo también ha cedido su división de belleza a L’Óreal por 4.000 millones.

La principal prioridad sigue siendo enderezar el rumbo de Gucci. En los últimos tres años sus ventas se han dividido casi a la mitad, pasando de los 10.500 millones de euros a 6.000 millones. “No hemos tomado la buena dirección con Gucci, hemos querido estar en todos sitios, para todo el mundo y con una oferta desigual”, admitió Luca De Meo cuando aterrizó oficialmente en Kering.

El objetivo es recuperar el atractivo de la marca, reformular la oferta con “unos estándares de calidad más elevados” y otro modelo de distribución que permita reforzar la exclusividad. En lo que va de año se ha suprimido un 20% de las referencias y se ha contratado a un nuevo director creativo, Demna, cuyo talento “es lo que Gucci necesita”, en palabras de François-Henri Pinault, presidente de Kering e hijo del fundador del grupo, François Pinault.

En Bolsa, las acciones de Kering caen un 30% en el año, menos que el 41% que se dejan las de su gran rival, LVMH. Haber logrado contener el desplome de ventas de su buque insignia es ya un primer paso en el largo camino de Kering hacia la recuperación. “Vemos los primeros signos tangibles de avance en lo que respecta al deseo de los clientes por las marcas, la dinámica comercial y la evolución operativa”, dijo De Meo sobre los últimos resultados. Un desafío de altura para un directivo curtido en asumir algunos de los retos empresariales más complejos.

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