Las extrañas tablas de salvación del Titanic fotovoltaico | Opinión

En el final de la película del hundimiento del Titanic se abría una esperanza para que Jack, interpretado por Leonardo DiCaprio, pudiera salvar su vida agarrándose a una tabla, a pesar de las temperaturas gélidas del agua. Pero la realidad, en la pantalla, dejó claro que para salvarse de una catástrofe hay que tener anclajes firmes.

La última tabla de salvación para las inversiones fotovoltaicas de pequeño tamaño –cuyos propietarios no pertenecen a grupos económicos con músculo suficiente para aguantar en el tiempo los actuales precios del mercado mayorista o para complementar la inversión hibridando sus plantas con almacenamiento– ha sido intentar convertirlas en instalaciones de autoconsumo compartido.

Esta solución pasa por reconvertir el esquema de funcionamiento y de titularidad de una instalación de generación en una de autoconsumo. Las ventajas son claras, puesto que los kilovatios asignados a los consumidores como cotitulares no tienen que soportar los cargos de peajes regulados de la tarifa que, incrementados por los impuestos indirectos, alcanzan una media de 120 euros/MWh. Este margen queda a disposición de las partes participantes para su reparto, lo que supondrá, por un lado, un menor coste de la electricidad para el consumidor y, por otro, un mayor valor del precio al que se vende el generador.

Hasta aquí todo perfecto. Acabamos de crear un modelo de operación en el que todas las plantas que estén a menos de 5 kilómetros entre el consumidor y la generación pueden obtener un margen no esperado. De hecho, en la vorágine especuladora que desgraciadamente tiene el desarrollo renovable, ya está apareciendo en los teasers de procesos de M&A, como upside de valor de venta, la posibilidad de tener consumidores, a la distancia exigible, con los que poder asociarse para mejorar el precio de venta y para salvar de la quiebra la planta de generación.

La tipología de las instalaciones y la necesidad de estar a menos de esos 5 kilómetros de los consumidores a los que se van a asociar supone que hay que establecer un modelo contractual en el que el consumidor se convierta en cotitular, aunque sea a través de una figura de arrendamiento de cuota, y que el productor se quede con los excedentes no consumidos en un esquema de autoconsumo compartido generalmente sin compensación simplificada. Lo que sí es una realidad es que este procedimiento es de una complejidad extrema.

El primer punto es tener claro que esta práctica es legal, pues, como parece evidente, no existe norma en nuestro ordenamiento jurídico que detalle de forma específica la posibilidad o la imposibilidad de convertir una instalación de generación de venta a red en una instalación de autoconsumo compartido. La aplicación del Real Decreto 244/2019, de 5 de abril, por el que se regulan las condiciones administrativas, técnicas y económicas del autoconsumo de energía eléctrica introduce exigencias de reparto que, aunque pueden dificultar el día a día en cuanto a la operativa real, no limitan su reconversión. El cambio debe pasar por disponer de nuevas autorizaciones administrativas y requisitos para el acceso a red (puesto que la instalación de generación va a ser también de consumo y tiene que contar con la distribuidora para conocer la capacidad de la red), pero los potenciales 120 euros de margen siguen sonando demasiado bien.

Nos encontramos en un entorno complejo que tiene su origen en la dificultad de entender la composición de los costes regulados. Desde mi apuesta decidida por las energías renovables, creo que estamos obviando un problema del que no queremos hablar y que es la definición y cuantificación arbitraria de los peajes o costes regulados incluidos en la tarifa. En el fondo, los que pedimos que el autoconsumo no tenga límite de distancia entre la planta de generación y el consumo, estamos convencidos de que los costes regulados que queden deben tener una correspondencia entre el pago y el uso. Es decir, que las redes se paguen por su uso y que, adicionalmente, algunas partidas no formen parte de la tarifa. Situación que aceleraría la retrasada electrificación de la demanda.

Cuando el Gobierno amplió a 5 kilómetros el radio para compartir energía –a petición unánime del sector renovable– lo hizo para fomentar, desde la unión de los consumidores, instalaciones de autoconsumo compartido como las comunidades energéticas. Parece claro que existe el riesgo de que se acaben imponiendo proyectos que lleven la regulación del autoconsumo más allá de lo que sus redactores imaginaron, dejando abierta la puerta a que las grandes compañías del sector energético acaben interviniendo, una vez más, la relación entre consumidor y propietario de la instalación de autoconsumo, haciendo suyo el valor añadido del “no pago” de los costes del sistema.

El siguiente elemento que analizar es si la salvación de las inversiones fotovoltaicas tiene que realizarse mediante fórmulas complejas que no resuelven el problema de que la electricidad que generan se enfrente a una demanda real. Por esta razón necesitamos modelos de operación que permitan desplazar la generación y convertir a la fotovoltaica de una fuente energética fluyente a una con capacidad de programación.

Es verdad que los propietarios de las plantas fotovoltaicas de menor tamaño están exhaustos, tanto por su limitada capacidad financiera como por la falta de voluntad de volver a invertir, no ya para hacer negocio, sino como una tabla de salvación. Para salvar esta dificultad debemos recuperar la figura de las Sociedades de Servicios Energéticos (ESCO, por sus siglas en inglés) y la propuesta de Financiación por terceros mediante ahorros compartidos, por la que, asumiendo un tercero la inversión en las baterías, se cree una simbiosis de funcionamiento entre la planta fotovoltaica y las baterías que permita compartir el valor diferencial generado al desplazar la electricidad a momentos de mayor precio. Esta formulación supone no solo darle una tabla de salvación, sin riesgo, a la inversión fotovoltaica, sino viabilizar que el sistema eléctrico sea capaz de absorber y utilizar toda la electricidad procedente de fuentes de energía renovables sin la necesidad de retorcer la ley.

Para salvar la fotovoltaica no tenemos que buscar tablas a las que agarrarse en un mar helado, sino cambiar la zona de navegación a aguas que sean más cálidas y bonancibles.

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