Pekín presume del ‘Chinamaxxing’: la fascinación de los jóvenes occidentales por el día a día en China | Carta del corresponsal
La calle Guozijian de Pekín ha sido un oasis de paz en medio de los hutong, las características callejuelas del casco antiguo. Allí, los muros del templo de Confucio presiden una vía arbolada por la que desfilan a lo largo del día ancianos del barrio, que charlan, echan una partida de ajedrez chino o simplemente observan a los viandantes. Pero esa tradicional estampa ha empezado a cambiar en los últimos dos años, en los que han ido apareciendo cafeterías con terraza, heladerías y boutiques de diseño. Decenas de turistas pasean (y posan) a diario por esta calle, en busca de una estética de vida cotidiana que muchos extranjeros parecen ansiar ahora en China.
A ese interés se le ha puesto un nombre en redes: Chinamaxxing. El término, popular entre jóvenes occidentales angloparlantes, mezcla curiosidad, ironía y fascinación por hábitos asociados al día a día de los chinos, como beber agua caliente, practicar taichí, comer hotpot, seguir rutinas de cuidado facial, probar la medicina tradicional o promover la vida ordenada y comunitaria. El fenómeno también engloba la sorpresa ante una China que muchos perciben como futurista por sus infraestructuras, robots y rascacielos iluminados.
Como casi todo lo que nace de internet, la tendencia simplifica y reduce una sociedad compleja a una selección de gestos fotogénicos y fácilmente consumibles. Pero Pekín ha descubierto que esa caricatura puede serle rentable: atrae viajeros, estimula el consumo y ofrece una imagen mucho más amable que la que suele dominar la conversación geopolítica.
Al Ministerio de Exteriores chino no se le ha escapado la utilidad diplomática de esta moda. Preguntado por la popularidad de los vídeos sobre “volverse chino”, el portavoz Lin Jian celebró que “cada vez más amigos extranjeros” quieran “sentir los cambios del desarrollo de China”. Añadió que conocer el país ya no se limita a “la Gran Muralla, el kung-fu, los pandas o la gastronomía”, sino que los visitantes “disfrutan de la comodidad de solo viajar con un móvil y prueban un estilo de vida que les aporta una sensación de plenitud”.
Una estrategia más amplia
El mensaje encaja con una estrategia más amplia. Después de tres años de cierre casi total por la pandemia, China flexibilizó en 2023 de forma acelerada su política de visados. Actualmente, los ciudadanos de medio centenar de países, incluidos los de España, pueden entrar sin visa durante un máximo de 30 días, y el régimen de tránsito sin visado se ha ampliado hasta 240 horas (10 días) para viajeros de 55 países que pasen por China camino de un tercer destino. En 2025, las autoridades migratorias registraron 82,04 millones de cruces fronterizos de extranjeros, un 26,4% más que el año anterior. De ellos, el 73,1% fueron entradas sin visado. Por poner la cifra en perspectiva, en 2019 visitaron el país 31,88 millones de turistas extranjeros.
Javier Periañez, director de Producto del turoperador MS International Travel, asegura que “China es el destino de larga distancia que más interés despierta. Ha desbancado a Japón”. Según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés), la contribución del sector al PIB de China creció un 9,9% en 2025, hasta 1,75 billones de dólares, más del doble que la media mundial y muy por encima del 0,9% registrado por EE UU. Mientras EE UU proyecta una imagen marcada por la guerra arancelaria, los controles migratorios y la polarización política, en Occidente se presenta a China como un destino seguro, eficiente y moderno.
Alicja Bachulska, investigadora del Consejo Europeo sobre Relaciones Exteriores, subraya que el Chinamaxxing nace más de la desilusión con Estados Unidos que de una adhesión real a China.
La otra cara de ese espejo tiene también un nombre en China, the kill line (umbral de ejecución), un término tomado de los videojuegos para describir el momento en el que a un jugador le queda tan poca vida que el siguiente golpe puede eliminarlo. En las redes chinas, la expresión se ha convertido en una forma habitual de hablar de EE UU, donde, según esa mirada, una enfermedad, un despido o una mala racha pueden empujar a alguien de la clase media a la deuda o la calle.
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