La última revolución: investigadores españoles logran cocinar geles de lactato, el maná de los ciclistas para disputar el Tour de Francia

El lactato, ese residuo que odiaban velocistas y deportistas de resistencia porque su acumulación significaba parálisis, un veneno en la cultura popular de runners, globeros y hasta futbolistas, comenzó a convertirse en el bueno de la película, en el antídoto para la fatiga, cuando investigaciones más recientes concluyeron que en realidad era mucho más que los desechos de la combustión de la glucosa en la célula muscular. “En los años 80, George Brooks propuso el concepto de lactate shuttle [lanzadera del lactato] dentro del organismo, una idea que desafiaba la visión clásica: la molécula odiada no era basura, sino, todo lo contrario, una molécula de energía nómada que viajaba sin parar, con pase VIP y acceso prioritario entre fibras musculares para regular su consumo y convertirse a su vez en combustible en los m´sucilos, en el corazón, y alimentar incluso al cerebro en condiciones de alta demanda”, se extasía Aitor Viribay, fisiólogo que trabajó en el Ineos de ciclismo, dirige la célula de rendimiento de ultratrail de Salomon y asesora a la Real Sociedad. “El lactato no señala fatiga, sino que es en realidad un mensajero metabólico”.
