Trump y Xi en un punto de inflexión | Opinión

Ha pasado casi una década desde que Trump y Xi se reunieran en Pekín y mucho ha cambiado el panorama internacional en este tiempo. La tensión del primer encuentro por la guerra comercial queda ahora eclipsada por el impacto que está generando sobre la economía, la geopolítica y el comercio mundial la guerra en Irán. En la cita de estos días, con mayor énfasis que entonces, ambas partes buscan la estabilización de las relaciones bilaterales.
Para ambos líderes impera una visión a largo plazo. Para China forma parte de su propia concepción cultural, pero para la Administración Trump el encuentro con Xi supone un punto de control en su agenda estratégica con China, buscando establecer la senda geopolítica que protagonice el estado de las relaciones bilaterales de las próximas décadas.
Reducir el déficit comercial con China es prioritario, aunque desde una perspectiva donde el factor geopolítico estará bien presente. En este contexto, Washington busca recuperar para Nvidia la aprobación del Gobierno chino del suministro de chips H200, utilizados en el desarrollo de inteligencia artificial, antes de que sus rivales chinos terminen de cubrir, con chips todavía no tan avanzados, la demanda doméstica en tiempo récord. No solo están en juego los ingresos de Nvidia procedentes del mercado chino, sino la posibilidad de que Estados Unidos siga marcando el paso del desarrollo de la IA en su rivalidad con China.
Complejo será, igualmente, conseguir que el Gobierno chino retire el bloqueo regulatorio al acuerdo de Meta para comprar Manus. Una disputa más allá de lo puramente tecnológico, ya que se busca evitar que DeepSeek u otras tecnológicas chinas quieran emular el paso dado por Manus de trasladar la sede de empresas creadas en el país asiático fuera del territorio nacional.
No obstante, mientras la compra de soja y el desbloqueo de la adquisición de aviones Boeing podrían reflejar una extensión de la tregua comercial, será la diplomacia financiera y del petróleo lo que marque el alcance estratégico de los acuerdos, precisamente por sus implicaciones geopolíticas a largo plazo.
En el ámbito energético, China ha demostrado resiliencia ante disrupciones en el suministro de petróleo tras semanas de guerra en Irán, lo cual permite a Xi acudir al encuentro con Trump con alto grado de confianza. No obstante, Pekín ya está trabajando en reequilibrar los mercados de petróleo mundiales para evitar futuras perturbaciones.
La estrategia de seguridad energética de China pasa ahora por ampliar las reservas, aumentar la producción doméstica para controlar los precios e impulsar la diversificación de las importaciones. Los productores de Asia Central y Rusia se verán beneficiados, mientras Trump busca recuperar la exportación de petróleo estadounidense que se vio interrumpida tras los aranceles de principios del año pasado.
Concebido como un giro pragmático de Pekín por anteponer la diversificación energética, y no tanto como guiño para aliviar tensiones comerciales con Washington, la nueva estrategia del Gobierno chino favorecería que la Casa Blanca impulsara la exportación de más de medio millón de barriles de petróleo crudo estadounidense por día a China, más del doble que la media de exportaciones registradas durante 2024, según Kpler. Un acuerdo que Pekín buscará vincular al levantamiento de las sanciones recientemente impuestas por EE UU a cinco refinerías de petróleo chinas, las conocidas como teteras, por la compra de crudo iraní.
En esta visión a largo plazo, el uso creciente del yuan para realizar pagos de petróleo representa un riesgo activo para el dólar. El sistema chino de pagos CIPS, versión alternativa a la plataforma de pagos Swift, alcanzaba a principios de este mes un récord diario de transacciones, no solo motivado por los pagos en yuanes de Rusia e Irán, sino porque dos de los principales bancos estatales de Arabia Saudí acaban de unirse al sistema CIPS en un impulso claro desde Pekín por internacionalizar el yuan.
El uso creciente de esta moneda en el comercio energético anticipa un proceso sigiloso de desdolarización motivado por la geopolítica. Con un 3% de participación del yuan en las transacciones internacionales, según la plataforma Swift, no se entendería que la huella internacional del yuan en el comercio internacional supusiera una amenaza para el dólar, que mantiene una cuota del 51%. Sin embargo, la incorporación de la internacionalización del yuan como objetivo en el plan económico quinquenal lanzado por China en 2026 muestra un significativo punto de inflexión que anticipa un sistema financiero global más fragmentado, con China, de nuevo, liderando un sistema alternativo al dominio de Estados Unidos.
En la próxima década, la inteligencia artificial, Taiwán, el comercio energético y los minerales tecnológicos compartirán protagonismo junto con el control de las cadenas de suministro en la rivalidad entre EE UU y China. Las decisiones de ahora sentarán la base que dará forma al próximo escenario geopolítico internacional, de ahí que en este encuentro Pekín busque de Washington concesiones sobre Taiwán, más allá de la paralización de la venta de armas a la isla.
Trump y Xi podrían encontrarse hasta en cuatro ocasiones hasta final de año. En esta primera ocasión, el foco de la agenda se centrará en el aspecto comercial para fortalecer los intereses económicos de Washington a corto plazo, mientras Trump sigue moldeando una estrategia a largo plazo que le permita reducir las dependencias de la cadena de suministro de China. Una redefinición del modelo de globalización por parte de Washington y de Pekín que seguramente marcará el tono de los próximos encuentros entre Trump y Xi, y que Pekín ya anticipa con su movimiento más reciente.
La nueva medida lanzada por el Gobierno chino el pasado mes de abril golpeará sustancialmente el entorno de negocios en China y el modelo de gobernanza internacional al declarar las cadenas de suministro bajo el marco de seguridad nacional. Esto supone poder tomar represalias contra aquellas empresas que busquen trasladar o que amenacen la estabilidad de las cadenas de suministro, una política en contra de la diversificación que busca Washington y Bruselas.
Así, el paso dado por Pekín anticipa un cambio de foco pasando del comercio al ámbito de la seguridad en los próximos encuentros, mientras una geopolítica en transición termina de redefinirse durante la próxima década.
