Futuros, opciones o apuestas, las mil y un formas para ganar dinero con los altibajos del petróleo | Mercados Financieros
El cierre del estrecho de Ormuz ha convertido en normales oscilaciones en el precio del petróleo que hasta febrero se consideraban históricas, con vaivenes de más del 15% en un día arriba o abajo. Una volatilidad que, además de haber quitado horas de sueño a muchos operadores y tener a la economía mundial en el alambre, ha convertido en millonarios a algunos inversores con buen tino y a otros que juegan con ventaja. El uso de información privilegiada, tan antiguo como los propios mercados, ha vuelto a aflorar con los ataques a Irán. Si, como Biff Tannen en la segunda parte de Regreso al Futuro, alguien pudiera saber por dónde saldrá el siguiente tuit de Donald Trump, ¿dónde debería apostar?
De entrada, el brent del que hablan periódicos, tertulianos y parroquianos del bar no es un barril de petróleo físico. Es un contrato financiero que compromete a la próxima compra o venta de una cantidad de un tipo de crudo, como un agricultor que pacta con antelación el precio de venta de su cosecha. Estos precios se usan como referente para las compraventas de petróleo real pero, claro está, también se usa este mercado para especular.
De forma agregada, el del petróleo es uno de los mercados financieros más voluminosos del mundo, y cada día mueve en torno a medio billón de euros, distribuidos en distintas plazas financieras: Singapur, Dubai, Londres (donde cotiza el brent) o Nueva York (donde lo hace el West Texas) son los mercados más importantes pero hay decenas de referencias. Quien compre o venda estos futuros gana o pierde según suban o bajen, como ocurre con una acción, aunque también se puede operar con futuros de vencimientos más lejanos o invertir en opciones. Estas permiten apostar por la subida o la bajada con un riesgo controlado: se paga una cantidad fija a cambio de optar a una ganancia potencial, pero si la apuesta es fallida, solo se pierde la cantidad aportada al inicio.
No son mercados para cualquier inversor: la compra mínima para el brent es de 1.000 barriles (100.000 dólares al precio actual) y se exigen cuantiosas garantías financieras. Así, el mercado está copado por petroleras, intermediarios de energía, grandes consumidores, hedge funds, bancos de inversión o, como mucho, clientes muy ricos a cuyo servicio están las entidades de banca privada. Según la OPEP, durante el mes de marzo las posiciones alcistas por parte de operadores financieros se dispararon un 38% al nivel más alto desde 2018: “Los especuladores compraron el equivalente a 152 millones de barriles de petróleo”, indica el cártel. Por cada dólar apostado a la baja sobre el brent, 12 apostaban al alza.
Eso no quiere decir que cualquier ciudadano no pueda emular al lobo de Wall Street, aparcar reparos éticos y jugar a ganar dinero con la guerra, con la paz o con ambas. La fórmula más sencilla y barata son los fondos o productos cotizados, ETF o ETP por sus siglas en inglés. Se compran y venden en Bolsa como una acción, y su precio depende del valor de un activo de referencia: el S&P 500, el precio del petróleo o el bono alemán. Los hay del petróleo (brent o West Texas), que suben de la mano de la evolución del barril. También hay del gas, de combinaciones de productos o de empresas petroleras. De hecho, el mejor ETF de este año replica el precio de los fletes marítimos: sube el 1.300%. Otros permiten ganar dinero si baja el crudo. O doblar la apuesta: duplicar la ganancia si sube, y la pérdida si baja.

Algunas firmas de inversión especializadas en inversores minoristas, como IG Markets, XTB, Degiro o eToro, ofrecen productos para operar en materias primas, como warrants (un tipo de opciones), futuros o contratos por diferencias (CFD), entre otras alternativas. Todos ofrecen exposición al mercado petrolero y pueden amplificar el riesgo o mitigarlo. En este sentido, hay dos salvaguardas obligadas: una, saber qué riesgo se está asumiendo y otra, que se trate de una empresa de servicios de inversión aprobada por el supervisor del mercado español, la CNMV.
Para quien necesite emociones aún más fuertes han nacido los mercados de predicciones, masivas casas de apuestas online que a veces tratan de economía. Kalshi o Polymarket son las más conocidas, y permiten apostar por los precios del petróleo, pero también por la recuperación de los flujos en Ormuz o por si se producirán ataques sobre la isla de Jarg. También por el ganador de Eurovisión (es favorita Finlandia), la temperatura de Sídney mañana o el advenimiento de Jesucristo antes de 2027 (4% de probabilidad).
Estos mercados han crecido como la espuma en Estados Unidos, gracias a la combinación de facilidad de uso, la adrenalina del juego y el hecho de que los usuarios apuestan entre ellos (no contra la banca). Y son terreno abonado para el uso de información privilegiada, una sospecha recurrente: se han registrado movimientos sospechosos con el ataque a Venezuela, con el inicio de las hostilidades en el golfo Pérsico y con el alto el fuego.
En todo caso, operar en el mercado de materias primas no es exclusivo de operadores con datos críticos o especuladores sin escrúpulos, sino que también puede ser una forma de cubrir la cartera ante eventos extremos. La subida del precio de la energía es dañina (al menos sobre el papel) tanto para la renta variable como para la renta fija. Ello provocó que 2022 fuera uno de los peores años de la historia para los fondos de inversión. La amenaza de crisis energética ha reavivado cuatro años después a estos fantasmas. Los fondos ligados a empresas petroleras o los ETF vinculados al precio del petróleo son una alternativa para compensar en el medio plazo el riesgo de un brent disparado.
