Las aerolíneas necesitan la ayuda de los Gobiernos ante la crisis del petróleo | Opinión

Aunque algunos aeropuertos y regiones se han quedado sin combustible otras veces por problemas en la cadena de suministro, las escaseces sistémicas son excepcionalmente raras. Un paralelismo histórico podría ser la crisis de 1973-74, cuando los precios del petróleo se triplicaron con creces después de que las naciones árabes recortaran drásticamente la producción. En Reino Unido, el Gobierno ordenó a las aerolíneas que redujeran el consumo, al tiempo que concedía exenciones para servicios esenciales como las ambulancias aéreas. Pero entonces las principales aerolíneas eran estatales.
Es probable que haya cierta destrucción de la demanda provocada por el alza de las tarifas. Las aerolíneas también podrían pagar por suministros alternativos procedentes de EE UU o Nigeria, aunque es poco probable que compensen por completo el del Golfo. Otra idea es eliminar algunas rutas menos rentables.
Un hipotético enfoque de planificación centralizada podría consistir en que las aerolíneas europeas acordaran reducir su capacidad un 10%-20%, tal vez usando como punto de partida sus respectivas cuotas de mercado de 2025. Pero podría ser una herramienta demasiado contundente. Penaliza a las compañías que están creciendo rápido o que pueden permitirse gastar dinero en suministros alternativos. También incumple las normas de competencia, así como las regulaciones que rigen los slots.
Aquí es donde los Gobiernos podrían intervenir. En un periodo de escasez de fuel, los vuelos de corta distancia entre grandes ciudades europeas como Londres y París, que cuentan con numerosas conexiones ferroviarias, parecen candidatos perfectos para su supresión. Pero compañías como Air France o British Airways podrían mostrarse reacias, dado que estos pasajeros suelen alimentar viajes de larga distancia y las cancelaciones pondrían en riesgo los slots. Pero una exención temporal de estos, como la de la pandemia, podría facilitar esa decisión.
Del mismo modo, es poco probable que una sola aerolínea quiera ser la primera en recortar rutas y arriesgarse a perder mercado. Pero cierta flexibilidad por parte de las autoridades para que las compañías reduzcan conjuntamente la capacidad podría reducir el consumo sin dejar de mantener la conectividad. Por último, los Estados pueden controlar en parte el suministro liberando reservas.
Dada la importancia del turismo, a Europa le interesa que no haya una crisis de suministro desordenada. Ese interés no debería extenderse a que los Gobiernos usen fondos públicos para pagar el caro combustible de aviación disponible solo para que la gente pueda irse de vacaciones. Pero merece la pena considerar unas vacaciones de carácter regulatorio, de duración limitada.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías
