Wimbledon 2026: Serena Williams, con toda su aura en un retorno incierto: “Siempre he preferido lo difícil” | Tenis | Deportes
La frondosa coleta rubia de Serena Williams ondea al viento a eso de las dos y media de la tarde, cuando la tenista, leyenda y heroína cumple con el penúltimo compromiso con los medios en la terraza del All England Club. A continuación, se incorpora de la silla y se dirige hacia la sala de conferencias como si abriera las aguas, con ese paso firme, cachazudo y poderoso que impresiona a los que la observan por primera vez. In situ, su presencia escénica se multiplica por mil. Efectivamente, la campeona de 23 grandes está de vuelta y estos días casi todo gira su alrededor, a pesar de que Aryna Sabalenka, Jannik Sinner o Novak Djokovic también luzcan en el cartel del grande británico. Al fin y al cabo, se trata de Serena, y no son pocos los que deslizan: ¿Qué son 44 años, si no la nueva juventud? ¿Y si por casualidad…?
No compite desde 2022, cuando decidió que era la hora de parar, pero el factor intimidatorio no ha desaparecido. En cualquier caso, la lógica invita a pensar que su recorrido no debería ser excesivamente largo en Londres. Aun así, ella ya ha ganado. “Será muy diferente. Por primera vez en mi carrera mis expectativas son completamente distintas. No es que antes no disfrutara jugando, porque entonces no estaría aquí hoy, pero ahora siento que voy a disfrutar muchísimo simplemente por el hecho de estar en la pista”, introduce la estadounidense, que habla del mismo que camina: despacito. Despacha las preguntas con contestaciones que, salvo rara excepción, no superan los diez segundos. Sin embargo, el magnetismo sigue intacto.
Se sabía que disputaría el dobles, pero la decisión de aceptar la invitación para el cuadro individual llegó prácticamente sobre la bocina. “Tenía hasta el lunes para decidir y creo que al final lo hice el domingo. Sinceramente, hasta entonces no lo tenía nada claro…. Y, si soy sincera, todavía no estoy del todo segura”, dice riéndose, envuelta en una chaqueta blanca y con un resplandeciente anillo en el anular izquierdo. Debutará el martes frente a la australiana Maya Joint, la 87ª del mundo, y pese a la experiencia dice sentir algo muy parecido a la primera vez; en realidad, a todas aquellas que iba a pisar la pista. Ese gusanillo que pone en alerta y acelera el flujo de la sangre. Aunque el horizonte inmediato sea un enigma, confía en estar a la altura.
“Espero estar nerviosa. He sentido nervios antes de prácticamente todos los partidos de mi carrera. Para mí eso significa que me importa lo que hago y que siento pasión por este deporte, ya sea una primera ronda o una final. Siempre he tenido esos nervios, pero después salen a la pista conmigo y terminan desapareciendo. Espero volver a sentir exactamente lo mismo”, incide Williams, que antes de aterrizar en Wimbledon jugó un par de partidos de dobles: uno en Queen’s, de la mano de Victoria Mboko, y otro con Karolina Muchova en Berlín. Una victoria, una derrota. Pero eso es lo de menos. O no. Es Serena.

“Y cuando se trata de competir, no hay nada imposible para ella. Puede volver con fuerza. No ha vuelto para ser una jugadora mediocre. Ella no es así”, advierte el técnico que le acompañó durante más de una década, el francés Patrick Mourtaglou. Imposible poner límites a una luchadora que tumbó un sinfín de barreras y que ahora intenta mantenerse emocionalmente neutra, no vaya a ser que la voluntad de hacerlo bien termine desestabilizando esta rentrée anunciada el 1 de junio. “Ha sido como montar en bicicleta. Todo ha vuelto de forma natural”, precisa, antes de comentar que no prefiere recrearse en el pasado y que sus trofeos “no están escondidos, pero tampoco en un sitio especialmente visible”.
Un sistema “agotador”
Durante los últimos meses ha pulido al máximo su físico y ha seguido la evolución del circuito, pero ante todo el desarrollo de los cuatro Grand Slams. Le encanta “la intensidad” de Sabalenka y también disfruta de su compatriota Coco Gauff, y se acuerda de la joven Mirra Andreeva, campeona reciente de Roland Garros. Precisamente, la rusa comentaba estos días que jamás sería plato de buen gusto un cruce con Serena, incluso contra esta Serena con forma de incógnita, ante lo que ella razona: “Sinceramente, no me sorprende. Si cualquiera de los miembros del Big Four regresara hoy [Nadal, Federer, Murray y el todavía presente Djokovic], nadie querría enfrentarse a ellos”.
La norteamericana triunfó siete veces en Wimbledon (2002, 2003, 2009, 2010, 2012, 2015 y 2016) y otras seis en la modalidad de dobles, y desde que empuñó la raqueta tuvo que hacer frente a todos los desafíos: del origen social a la raza, pasando por ser el objetivo a batir durante dos décadas. “Para mí el camino siempre ha sido cuesta arriba, en muy pocas ocasiones ha sido cuesta abajo. Pero creo que, cuando quieres conseguir algo grande, tienes que exigirte siempre un poco más. Aunque exista un camino fácil, yo prefiero elegir el difícil. Así que sí, todavía siento que sigo subiendo esa cuesta”, expone.

Su retorno empezó a coger verdadera forma cuando su nombre apareció en el programa antidopaje, en octubre, señal de que la intención estaba formalmente ahí. Y al hilo de esto, Williams califica el sistema como “agotador”. Responde con rotundidad, ante una audiencia de unas cien personas. Sala repleta. “Lo odio. Entiendo perfectamente que los controles sean necesarios, pero creo que algunas normas son poco razonables”. “Las normas han cambiado y he tenido que aprenderlas. Por ejemplo, si sales de casa fuera de la franja horaria que has comunicado y te hacen un control, también cuenta como una ausencia. Entonces, ¿qué hago si tengo que ir a recoger a mis hijos?”. “Esa fue una de las grandes razones por las que dudé tanto antes de volver”.
Cuenta Serena que su agenda ha cambiado y que ahora es madre —de dos niñas, de 8 y 2 años—, empresaria y tan viajera como siempre, además de haber vuelto a coger la raqueta. Sin embargo, su mensaje sigue siendo exactamente el mismo: “Creer en una misma y perseguir cualquier sueño, por imposible o loco que parezca”. Bien lo sabe Djokovic, quien decía el sábado: “Lo que está haciendo es inspirador y épico”. “Todas las miradas, claro, están en ella y en su regreso. Espero que disfrute porque lo merece. Ha creado algo histórico y legendario en su carrera. Merece cada aplauso que va a recibir”. Y agregaba Sabalenka: “No sé hasta dónde llegará, pero estoy muy ilusionada por verla jugar otra vez”.
En Wimbledon, de nuevo y como si fuera ayer, una campeona ciclónica y por todos conocida: a los pies de Serena Williams.
