Tadej Pogacar regala drama en los Vosgos: una victoria hermosa, la cuarta en este Tour de Francia

Son la sal de la tierra, el espíritu que da vida al pelotón del Tour atormentado y espectacular. Carapaz y Healy, que, condenados a la derrota y precedidos por los truenos de las tormentas y los rayos que rasgan las nubes negras sobre los Vosgos, abren camino en el Grand Ballon, en el col del Paje, en el Ballon de Alsacia. Con ellos, los Johannessen del Uno-X, hijos de la preparación mágica de Olav Bu, que les recuerda que el peso no es tan importante, Einer Rubio, fortalecido por el aire de los Andes, y Paret-Peintre, su sueño de lunares en su cuerpecillo de alpinista. O Mads Pedersen, que no se libera de la etapa como los demás sprinters una vez disputados los puntos para el maillot verde que le tiñe todos los días, sino que persiste y le lleva agua y hielos a su Ayuso de blanco aún, y le guía en el descenso peligroso y empapado del Paje, donde la prudencia de Vingegaard deja solos delante a los UAE y los Red Bull.
