Sinner colapsa de nuevo y Roland Garros pierde al gran favorito | Tenis | Deportes

Es la historia de un derrumbe. La de un campeón deambulante que va desvaneciéndose y que finalmente se entrega porque no hay vuelta atrás. Nada le salva. Corre el reloj, pero su cuerpo no reacciona y Juan Manuel Cerúndolo —16 juegos a uno desde que se activa la luz roja— va recortando el terreno hasta confirmar el gran pelotazo de este Roland Garros que se adentra ahora en lo imprevisible: todo puede suceder. Jannik Sinner cae (3-6, 2-6, 7-5, 6-1 y 6-1, en 3h 36m) y lo que hasta hoy se veía meridiano, cambia por completo. Venía el número uno de completar un majestuoso desfile con 30 victorias consecutivas y apropiándose de todos los títulos (Montecarlo, Madrid y Roma), pero de repente todo se abre de manera radical. C’est la vie. C’est le sport.

A un solo juego para cerrar el partido, 5-1 a su favor en el tercer set, Sinner se apoya sobre el vallado y se queda clavado durante varios segundos y, al incorporarse para volver al juego, hace varios estiramientos por molestias en los isquios y la cadera. La jueza Aurélie Tourte desciende rápidamente de la silla y ambos interactúan. El tenista está mareado. Vomita. “No puedo esperar… ¿cómo funciona ahora esto?”. “Depende de lo que tengas”. “No sé si es deshidratación…”. Acto seguido, el italiano se marcha al vestuario acompañado del médico —si la jueza lo considera, el reglamento así lo permite— y al regresar, mantiene el mismo gesto confundido. Está ko. Su organismo se ha venido abajo.

En su box, las caras son un poema. ¿Otra vez? Efectivamente, otra vez. Es la enésima pájara. Sin remedio. En el instante de retirarse para ser supervisado había perdido 15 puntos seguidos y al final serán 18. Son las dos y media de la tarde y en la central parisina se expande una sensación extraña, un millón de interrogantes sobrevolando por toda la Philippe Chatrier. ¿Volverá? ¿Superará el colapso? ¿Le rescatarán a tiempo la medicación y esas pócimas que ingiere? Y más en perspectiva: ¿Va a quedarse este Roland Garros sin el gran favorito, el hombre que viene paseándose por las pistas de aquí y allá desde marzo? Sufre y sufre Sinner, el técnico de Cerúndolo protesta —al interpretar que esa visita al vestuario no se ajusta a la normativa— y todo está en el aire.

De sobra conocidos los antecedentes. Ya le sucedió el año pasado en Cincinnati y luego en Shanghái, un par de veces en el Open de Australia (2025 y 2026) y más recientemente en el Foro Itálico de Roma. Señora advertencia aquella (nocturna, eso sí) y a poco más de una semana para el inicio del major francés. Fantasmas y más fantasmas, advertencias por aquí y por allá. Él y el sol, por ahora una unión irreconciliable. No puedo, no puedo. Por qué, por qué, viene a decir varias veces con la cabeza. Y lo intenta después de haber acudido otra vez el vestuario, pero nada. Ni por esas. Tira de muñeca y de lo que puede, de lo poco que tiene, pero el mal rato es de aúpa y está fundido, irreconocible; se apaga el robot. Desde el otro lado, Cerúndolo hace lo que debe: bola pesada, profunda y combada, y a esperar que el otro finalmente caiga.

El sol ‘juega’

Orgulloso, Sinner continúa a duras penas en pie, pero no hay retorno para él. El sueño de cerrar el círculo se esfuma —solo le falta por conquistar el Bois de Boulogne— y el mal fario sigue ahí. Hace un año, el de San Cándido lo tuvo en la mano, con esas tres pelotas de campeonato que no logró convertir ante Alcaraz; sin embargo, no las aprovechó y ahora llega esta jugarreta del calor. Nacido en las montañas, entre la nieve, el tirolés se va otra vez de vacío y dolido, porque la ausencia del español se interpretaba como una oportunidad de oro y el sol vuelve a convertirse otra vez en su enemigo. Las temperaturas no han bajado de los treinta grados durante la primera semana de la competición y también juegan. A todo afecta: físico, técnica y táctica.

Los pronósticos advertían de antemano que estos días París iba a sufrir la “cúpula” que golpea a Europa, y que la injerencia de la climatología podía ser determinante. Dos días antes, después de haber resuelto con holgura la primera ronda, Sinner afirmaba que se había preparado bien y que en Indian Wells (California), por ejemplo, había logrado manejar con acierto la situación. “Así que ya veremos. Cada día cuenta. Y aquí [pico de 33° durante este jueves veraniego] es diferente. A ver a qué hora juego…”, indicaba el martes. Al final, la dirección programó su partido al mediodía (12.00), en una decisión que las voces críticas interpretaron como una situación ventajosa para él, al no tener que competir en una franja más avanzada. Sin embargo, el factor atmosférico siempre resulta trascendental en el tenis, sea donde sea.

A pesar del trabajo preventivo y de todos los cuidados, las jornadas previas habían ido sugiriendo pistas y señales varias, con jugadores acalambrados, justos de fuerzas e indispuestos. Ahí está el ejemplo del checo Jakub Mensik, al que tuvieron que incorporar entre varias personas después de haber logrado la victoria porque su cuerpo sencillamente no respondía. Más allá de la temperatura, el efecto absorbente de la arcilla y la masa de aire caliente que despide de manera vertical multiplican el azote y a sensación para los tenistas, que ingieren sales y electrolitos para defenderse. Sinner se ha fortalecido, pero aun y todo no ha logrado acondicionar su físico a circunstancias hostiles. La sorteó en enero, pero en esta ocasión cede y en París se escucha un aullido de fondo.

Sin duda alguna, esta es la ocasión en la que confiaba Novak Djokovic, quien a sus 39 años persigue un objetivo único en la historia del tenis. Nadie, ni hombres ni mujeres, alcanzaron la cifra de 25 grandes. En cualquier caso, la salida del número uno abre el abanico de posibilidades y la rama por la que él competía se convierte en una verdadera incógnita, sin certeza alguna. De la noche a la mañana, un torneo absolutamente nuevo: con Sinner o sin él, dos Roland Garros radicalmente distintos. Mientras por un lado debatirán tenistas de peso como Nole, Alexander Zverev o Casper Ruud —también el madrileño Rafael Jódar—, por el otro todo se abre y el 7 de junio desembarcará en la gran final un candidato insospechado. Difícil prever lo sucedido este jueves parisino y este adiós repentino. O tal vez, no tanto. El juez sol..

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