Salir de la pena máxima | Fútbol | Deportes

En la quietud de la medianoche le escribo: Ahora termino El cielo en casa. Es de las cosas más bellas, originales, poéticas, íntimas, humildes y a la vez memorables que recuerdo haber leído en mucho tiempo. Mando el mensaje y me voy a la cama. Ahí comienza a reverberar en mi cabeza la historia de este chico de 20 años que encuentra una vieja fotografía en un cajón.

La foto muestra a un futbolista lanzando un penalti en un campo de tierra, uno de esos campos inscritos en alguna comisura olvidada de miles de sonrisas ya un tanto apagadas. El balón está detenido en el aire. Se dirige a la derecha, quizá a la escuadra. El portero, a contrapié, mira el vuelo de la pelota. No se ve la portería, solo la red. No puede adivinarse qué pasará con el balón. Si entrará, si no. El chico de veinte años mira la foto. El lanzador lleva bigote pero no es Antonín Panenka. Su leyenda es mucho mayor. Se llama Manuel Martínez Bragagnolo y es su padre. Murió cuando él, Manuel Marsol, no era más que un niño.

¿Cómo saber ahora si aquel penalti se convirtió en gol?

Las grandes historias giran en torno a pequeñeces. Eso es la vida: una pequeñez. Entró o no la pelota. Entró o no el penalti del padre al que perdiste de niño. Pobre de aquel que piense que algo así no importa.

A partir de esa duda, el ilustrador Manuel Marsol, que dibuja y escribe esta asombrosa novela gráfica sin ficción, busca estadísticas regionales de aquella temporada 70-71, llama a un compañero del equipo de barrio en el que jugaba su padre —el Ríos Rosas—, se enmaraña con sus recuerdos infantiles, revisita películas y canciones para tratar de entender el misterio que ha marcado su vida entera y, finalmente, viaja a aquellos dulces días veraniegos de playa, risas y canciones italianas en el coche. Así es como llega hasta el penalti de Roberto Baggio, no hace falta decir cuál.

Qué relativo es todo.

Todos sabemos que Baggio quedó atrapado en aquel punto de penalti y que en adelante sería un fantasma encadenado a su yo muerto. Mil veces hemos visto la secuencia. La carrerilla de pasos cortos. Ese miedo al que llaman tensión para hacerlo soportable. El balón enviado al cielo más infernal. La vista clavada en el suelo. Un genio ligado por siempre a su fracaso. Todo parece un drama de hechuras clásicas hasta que Manuel Marsol nos cuenta la trastienda desconocida de aquel penalti.

No la habitación de hotel en la que Baggio se encerró solo aquella noche americana del 94. Era el 17 de julio. Esa noche, el niño Marsol celebraba con su padre que los italianos, malditos italianos que habían eliminado a España, perdían el Mundial. Ese mismo 17 de julio del año siguiente moría el padre de Marsol tras una súbita enfermedad. Moría el protagonista del otro penalti. El lanzador de la pena máxima de Marsol.

Uno imagina a Roberto Baggio perderse en el laberinto del 94 —como un poco antes había hecho Miroslav Djuckic y un poco más tarde haría Gareth Southgate— y entonces descubre que nunca Baggio imaginará al niño Marsol, en cada aniversario de su penalti, pensar en el padre perdido, en aquel penalti que no sabe cómo acabó.

Puede que Baggio empezara su noche eterna en Pasadena. Marsol comenzó entonces su tarde infinita. Una tarde de y sis en bucle y porqués sin respuesta.

Escribe en el libro: Aunque el jardín de mi infancia se había cerrado hacía mucho tiempo, de golpe y para siempre, el balón de la foto había abierto una mirilla, un agujerito, a fuerza de vibrar, de latir en la puerta.

Tal vez haya escrito la enésima variación Goldberg de lo que es el fútbol.

A la mañana siguiente de quedar impresionado con este libro, que tanto habla del fútbol y de la vida, le hago una pregunta corta: Qué significa el fútbol para ti. Él me responde con algo que no esperaba. Me cuenta que nada más tener impreso el libro se lo leyó a su madre, Maripaz. Ella le dio las gracias. Lloraron los dos. Y entonces ella le contó algo que no sabía. Que antes de morir, su padre le había pedido que no dejaran de ir al fútbol. Dos años antes los había hecho socios del Madrid al niño, a la niña y a su mujer. Iban los cuatro juntos al campo. Su madre, ya viuda, cumplió aquella promesa. Han pasado más de treinta años. Todavía van los tres juntos al Bernabéu. En realidad, supongo, van los cuatro juntos. Los imagino gritando gol, riendo y abrazándose en la grada y me entran ganas de llorar. Ya nunca me entristecerá una victoria del Madrid.

Escribió Julio Ramón Ribeyro: Quien no conoce las tristezas deportivas no conoce nada de la tristeza.

Marcó el penalti o no. Claro que importa. Querer saberlo es la vida.

About The Author

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

BUGA.COM.CO

Tu sitio

Buga

An elegant and minimalistic theme, which is predominantly designed for a web news portal and magazine with an immense research on contemporary online newspapers. With the help of available customizer options and widgets, you can implement layouts as a trending news journals, modern fashion magazine, travel blogging & magazine, clean and minimal news sites, blogging site and even more. The theme is SEO friendly with optimized codes and awesome supports.

M7 Social

M7 Social Subtitle