Radiografía de la ausencia de mujeres en los banquillos de élite del fútbol: el fichaje de Marie-Louise Eta es una llamativa excepción | Fútbol | Deportes
Marie-Louise Eta debutó el sábado como primera entrenadora del Unión Berlín. Fue la primera vez que una mujer dirigía un banquillo de uno de los clubes de las cinco grandes Ligas europeas masculinas. “Espero que en los próximos años todo esto sea aún menos importante y que solo el fútbol sea el factor decisivo”, afirmó la técnica, de 34 años, antes de su estreno, en el que perdió 1-2 ante el Wolfsburgo. El nombramiento de Eta, una exfutbolista de élite alemana que hasta ahora estaba al frente del conjunto sub-19 del club y que ya contaba con experiencia como asistenta en el primer equipo, ha ocupado titulares en la prensa de todo el mundo. Su caso ha sido un hito y, como tal, una excepción. “Es histórico, un paso enorme hacia la igualdad de género, el respeto y el reconocimiento de competencias. Y una visibilidad que ayudará a nivel social a educar, a normalizar: si ya es visible, ya pasó, entonces es posible para cualquier otra mujer”, reivindica Vero Boquete, la primera mujer española en ganar la Champions y jugadora del Como. Natalia Arroyo, entrenadora del Aston Villa, coincide: “Es un hito y ojalá sea una puerta abierta. Es una maravillosa excepción, la consecuencia de un camino profesional que ha trazado muy bien y es el salto natural de cualquier entrenador. La diferencia es que se trata de ella, y no de él. Tenemos que subrayarlo como algo novedoso todavía, pero que ojalá sirva para abrir un escenario de futuro y que lo normalicen como un camino natural más: exjugadora, se forma y da los pasos adecuados para aprender hasta dar el salto”.
Sí que han existido, y existen, algunos casos de mujeres al frente de banquillos masculinos, pero casos concretos. Sabrina Wittmann se convirtió en la primera en el fútbol profesional alemán en 2023 al asumir el mando del Ingolstadt, de tercera categoría. Antes, en Francia, Helena Costa, fue nombrada en 2014 entrenadora del Clermont Foot 63, en la segunda división, y después Corinne Diacre cogió el cargo hasta 2017. En Inglaterra, por ejemplo, Hannah Dingley asumió en 2023 el banquillo del Forest Green Rovers, de cuarta división, de forma interina. Y también existen casos en España, como el de Laura del Río, que entrenó en 2019 al Flat Earth FC —actualmente Club de Fútbol Fuenlabrada Promesas Madrid 2021—, entonces en Tercera División. “El fútbol nos ha negado el acceso durante toda su historia: el acceso a jugar, a ser profesionales, a posiciones de decisión… Todo eso nos ha marcado y condicionado. Que el 99% de los cargos de decisión estén ocupados por hombres tampoco ayuda, y que muchos de esos hombres hayan crecido en un contexto machista todavía menos”, desarrolla Boquete.

Las mujeres ni siquiera son todavía mayoría en los banquillos de las principales ligas femeninas. Durante la Eurocopa de 2025 de Suiza, solo siete de 16 entrenadoras eran mujeres, un récord en comparación a los años anteriores: seis en 2022 y 2017, cinco en 2001 y 2005, o tres en 2009 y 2013. También sucedió en el Mundial de Australia y Nueva Zelanda de 2023, con 12 seleccionadoras mujeres de 32. En España, Jorge Vilda aún estaba al frente de la Roja, e hizo falta una revolución dentro de la Federación para que llegase al banquillo por primera vez una mujer, Montse Tomé, y, más tarde, Sonia Bermúdez. Esta última, además, cuenta con una segunda entrenadora: Iraia Iturregui, que también fue la técnica del Athletic Club femenino durante tres temporadas hasta que pasó a ser la segunda entrenadora del Basconia masculino, segundo equipo filial del Athletic que milita en Segunda Federación a día de hoy.

La situación en las principales ligas femeninas europeas también refleja esta brecha. De los 66 equipos que compiten en las cinco grandes ligas, actualmente solo 15 están dirigidos actualmente por mujeres, lo que representa apenas un 22,7%. España, de hecho, cuenta con uno de los porcentajes más bajos, con tan solo dos entrenadoras en 16 equipos de la Liga F: Sara Monforte en el Espanyol e Irene Ferreras en el Granada. La Frauen-Bundesliga alemana es la que cuenta con más mujeres —cinco entrenadoras en 14 equipos—, seguida de la Women’s Super League inglesa —4 de 12—, la Première Ligue francesa —3 de 12— y, por último, la Seria A femenina italiana —1 de 12—. “Pero no solo sucede en los banquillos”, examina Boquete; “tendríamos que analizar también la dirección deportiva, la dirección general… los números todavía serían más bajos”.

“Hay un primer problema de volumen de gente titulada. En los cursos la proporción de mujeres es significativamente menor que la de hombres. Ese camino natural del exfutbolista que se titula como entrenador se da un poquito menos en el femenino porque no estamos en un escenario económico igual que los hombres, y eso a la hora de acceder a los últimos títulos puede ser un freno”, analiza Arroyo. La brecha es evidente: hay 200.000 licencias UEFA en Europa, pero solo 20.000 son de mujeres. La técnica del Aston Villa añade: “Ni por todo el papel desarrollado como jugadoras ni por el hecho de haber ayudado a que los clubes y ligas crecieran se nos da mayor crédito; de hecho, a veces es incluso un argumento que se usa en nuestra contra para dar el salto al masculino”.
Para promover mayor presencia de mujeres en los puestos técnicos de los equipos, la FIFA acordó una iniciativa para sus competiciones femeninas, en las que deberá haber, entre otras medidas, al menos una entrenadora principal y/o asistente que sea mujer. Para Arroyo, el primer paso es “que haya más mujeres tituladas”, y que estas “ejerzan en los mejores escaparates para poder progresar”, pero “también tener el empujón necesario de la gente que decide”.

“La sociedad está en un escenario distinto al de hace 20, 30 o 50 años: se ha modernizado, ha dejado atrás esos patrones clásicos y ahora se están revisando etiquetas de género para todo. Eso me da para pensar en un escenario de un futuro más positivo, porque ya no valen los estigmas de liderazgo, de rigidez. Los clubes han mejorado los procesos de selección y los hacen más adaptados a elegir personas capacitadas, no eligen hombres o mujeres”, analiza Boquete.
El caso de Marie-Louise Eta ha roto una enorme barrera. “Los tiempos han cambiado. El proceso ya se ha iniciado y solo pensamos en cómo acelerarlo. Todavía queda camino, pero al menos ya sabemos cuál es. Será más o menos largo, más o menos difícil. Pero es ese: vamos en la dirección correcta”, se muestra positiva Boquete. El reto inmediato de Eta es salvar al Unión Berlín. El reto global, mucho más complejo, es que su historia deje de ser una excepción.
