sáb. Jun 13th, 2026

Polonia y Rumania se lanzan a la carrera de producir  drones | Negocios

Con una guerra en sus fronteras, Polonia y Rumania se han propuesto revitalizar la industria armamentística. La ofensiva rusa en Ucrania trastocó de manera significativa los planes de la Unión Europea —que ha iniciado un proceso de rearme de 800.000 millones de euros—, pero especialmente los de estos dos países de la Europa del Este, que comparten cientos de kilómetros cada uno con el país invadido. Desde que se inició el conflicto hace poco más de cuatro años, Varsovia y Bucarest se han convertido en ejes esenciales a la hora de suministrar armas y otorgar ayuda humanitaria para apoyar a Kiev en su pugna por defender su soberanía. Ahora, ambas capitales han dado un paso más allá: desean destacar como principales proveedores europeos de drones aprovechándose del programa comunitario de defensa SAFE (Asistencia de Seguridad para Europa) lanzado por Bruselas, un instrumento financiero con el que se pretende conceder hasta 150.000 millones de euros en préstamos para respaldar a aquellos países que quieran invertir en la producción industrial de defensa.

A finales de marzo, el ministro de Defensa polaco, Wladyslaw Kosiniak-Kamysz, inauguró el Centro para los Sistemas Autónomos (OSA, por sus siglas en polaco), como parte de un proyecto destinado a acelerar la investigación y la producción de aviones no tripulados. En concreto, el modelo PLargonia que se conoce como el “Shahed polaco”, en alusión a los drones kamikaze producidos originalmente en Irán y que Rusia está fabricando masivamente bajo el nombre de Geran para utilizarlos contra Ucrania. “La prioridad inmediata pasa por finalizar el diseño de PLargonia, un dron militar que pronto estará operativo y en producción”, dijo entonces Kosiniak-Kamysz. Para acelerar el proceso de fabricación, el centro, ubicado a las afueras de Varsovia, está coordinado por el ejército y el Grupo de Armamento Polaco PGZ —un consorcio estatal de compañías armamentísticas—, así como varios institutos de investigación civil. Se trata de un aparato más ligero que el Shahed, con un alcance de hasta 900 kilómetros y una carga explosiva máxima de 20 kilogramos en comparación con los 2.400 kilómetros y 90 kilogramos del modelo iraní, según el fabricante.

El Gobierno proeuropeo del primer ministro Donald Tusk desea financiar la fabricación de drones con los fondos comunitarios. Sin embargo, se ha topado con un escollo: el presidente euroescéptico Karol Nawrocki lo ha vetado. “La decisión del presidente no cambia nada entre el Ejecutivo polaco y la Comisión (Europea)”, indica Magdalena Sobkowiak-Czarnecka, responsable gubernamental a cargo del mecanismo de defensa de la UE conocido como SAFE. “Lo único que ha cambiado es que necesitamos encontrar otra forma de poner este dinero dentro de nuestro sistema”, prosigue. En concreto, se está trabajando en un plan para canalizar ese dinero hacia un fondo del ejército que no requeriría de la aprobación del jefe de Estado.

Sobkowiak-Czarnecka precisa además que esos fondos europeos se usarán para construir un sistema antidrones con una inversión de unos 3.500 millones de euros para defenderse de cualquier amenaza. Nawrocki alega que el crédito sería demasiado caro, pese a que la tasa de interés estaría por debajo de la que el país paga por la deuda soberana. Tusk, por su parte, admitió que la incursión sin precedentes de aviones no tripulados rusos en su espacio aéreo el pasado año impulsó la idea de aumentar la producción.

La caída de varios drones en territorio rumano también ha llevado a Bucarest a replantearse un giro en su política armamentística y lanzarse en la carrera de producir estos aparatos, que sirvan a la postre para defender su espacio aéreo de la entrada de aparatos no tripulados rusos. A mediados de marzo, los presidentes de Ucrania y Rumania, Volodímir Zelenski y Nicusor Dan, sellaron un acuerdo para fabricar conjuntamente drones en suelo rumano, un proyecto de 200 millones que el Gobierno pretende financiar a través del mecanismo SAFE.

En ese acuerdo se establece que la mayoría de los sistemas y capacidades de defensa que se producirán en Rumania estarán destinados principalmente a cubrir las necesidades de las Fuerzas de Seguridad y Defensa de Ucrania. Para ello, la parte ucrania permitirá el intercambio de tecnologías, propiedad intelectual mutuamente protegida y datos necesarios para establecer estas instalaciones de producción en Rumania, de conformidad con las leyes de control de exportaciones. El Estado rumano facilitará y promoverá, en cambio, la creación de empresas ucranias de seguridad y defensa en Rumania mediante joint ventures.

“La ventaja de esta cooperación reside en el hecho de que durante la guerra en Ucrania estos drones fueron probados y tienen un buen nivel de rendimiento, así que ayuda a Rumania a saltarse ciertas fases de prueba de estos aparatos”, explica Aurel Cazacu, exdirector de la compañía nacional Romarm, principal productor de armamento, munición y equipamiento militar del país. Asimismo, el experto recalca que la tecnología de drones está evolucionando rápidamente. “Cuando se fabrica un dron, se perfecciona un mes después y, otro más tarde, se añaden elementos que mejorarán sus capacidades; es una industria en constante evolución”, remarca Cazacu.

Más modelos

Los primeros drones que se fabricarán en Rumania se denominarán Cuda y Sirin, pero se ampliarán pronto hasta seis modelos. Uno de ellos será de tipo kamikaze, ya que será capaz de transportar explosivos y golpear objetivos con precisión. “Ya tenemos varios prototipos que probaremos hasta finales de mayo para empezar a producir este verano”, dijo hace unas semanas Bogdan Ivan, ministro de Economía. Por otra parte, la aeronáutica Romaero espera producir a finales de este año en colaboración con una compañía especializada en aviones basados en IA unos 1.500 drones por mes. La empresa estatal ha sido insolvente durante dos años, y su recuperación depende en gran medida de nuevas inversiones y de este proyecto.

A nivel económico, la fabricación de drones dinamizará la economía y generará miles de empleos, con la aparición de una red de proveedores de componentes. “Los drones no son solo ensamblajes, sino también aerodinámica, motores, sistemas de propulsión, sistemas de comunicación y óptica electrónica”, enfatiza Cazacu. Además, la comunicación con el dron es uno de los componentes esenciales. “Lo construyes en vano si no puedes mantenerte en contacto con él por satélite o mediante la realización de sistemas electrónicos”, concluye este experto.

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