Petroleros cargados y sin comprador: el ángulo ciego que pone en el mapa el cierre de Ormuz
El mundo energético es otro desde hace dos meses. El mercado del crudo ha pasado de un excedente sustancial, que obligaba al cartel de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) a mantener a raya sus propios bombeos para evitar que los precios cayesen, a una situación de lo más crítica: de la noche a la mañana, con el cierre del estrecho de Ormuz, ha desaparecido casi un quinto de la producción mundial. Prácticamente la mitad de esa cantidad se ha compensado, tanto por el aumento de los envíos a través de los pocos oleoductos que conectan los países del golfo Pérsico con el exterior como por los aún incipientes aumentos de producción en colosos fósiles ajenos a esa región. Pero el faltante sigue siendo enorme.
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