Miriam García Pascual, el mito de la alpinista que murió joven y dejó por testamento un libro devorado por varias generaciones | El Montañista | Deportes
Miriam García Pascual aún tenía que hacer una última cosa antes de salir de expedición. No era su mayor apremio pero deseaba dejarlo hecho para que las cosas siguiesen su curso. Los últimos días antes de viajar hacia el Meru, en el himalaya indio, pasaron rápido, volando entre un torbellino de preparativos, pero Miriam supo encontrar un hueco para entregar en la sede de la madrileña revista Desnivel un texto que deseaba convertir en libro. De hecho, acabó siendo un libro, el primero de la incipiente editorial, una obra titulada Bájame una estrella que Miriam nunca llegó a ver publicada. Murió tratando de escalar el Meru (6.450 m) el 25 de mayo de 1990. Aquel día, Miriam y sus compañeros de cordada, el guipuzcoano Jesús Buezo Risi y el aragonés Miguel Ángel Lausín fueron sepultados por una avalancha y sus cuerpos nunca fueron recuperados.
Miriam contaba apenas 26 años y ya había compartido cuerda con la élite masculina del alpinismo español, como una más. En aquellos años apenas había mujeres como ella, extremadamente valiente, fuerte, una que aprendía con rapidez gracias a su apetito voraz por descubrir todas las variantes posibles del mundo vertical. Pero, curiosamente, coincidió en el tiempo con dos de las mujeres más importantes en la historia de la escalada y el alpinismo: Lynn Hill, estadounidense, y la francesa Catherine Destivelle, cuyo perfil era casi idéntico al de Miriam. Muchos opinan que pudo haber sido nuestra Destivelle.
La noticia de su desaparición y la de sus dos compañeros rompió brevemente el hechizo de esos años en los que vivir al día, a salto de mata, enlazando ascensiones y sobreviviendo casi con lo puesto no era infrecuente. Como si el traje de alpinista permitiese aspirar a cierta forma de inmortalidad.

José Bedia escaló con Miriam en Yosemite, en 1987. Se habían conocido unos años antes en las paredes intimidantes del valle de Ordesa, habían probado el conglomerado de Riglos, también la caliza de Etxauri y coincidieron en el valle californiano, meca de las grandes paredes de granito. Acabaron escalando juntos la vía Mescalito al Capitán: “Le puse como condición que ella hiciese de primera los largos de artificial, porque a mí lo de usar los ganchos me daba bastante respeto. Yo me comprometí a hacer el resto, lo que me tocase”, recuerda Bedia. Al acabar la vía, felices, se fotografiaron en el campo IV apoyados en un coche de época. Unos días antes de volar hacia el Himalaya, Miriam visitó a Bedia en su casa recién comprada en Bilbao y, allí, compartiendo un café, le invitó a unirse a la expedición. “Tuve que decir que no con gran pesar”, explica, “porque acababa de comprar una casa y esto me obligó a hacerme fijo en la empresa para la que trabajaba ocasionalmente para así poder afrontar la hipoteca. Esa carga económica me salvó la vida, porque seguramente hubiese fallecido con ellos. Su muerte fue un palo muy grande, muy impactante”.
Hoy, gracias a su libro, Miriam es una referencia que con el paso del tiempo ha alcanzado cierto halo místico, a la vez que representa un ejemplo para todos los jóvenes que aspiran a esquivar de alguna manera el convencionalismo social. Bájame una estrella es, sencillamente, el libro de montaña más vendido por Desnivel, rivalizando con obras de la talla de Los conquistadores de lo inútil, de Lionel Terray. En el departamento de comunicación de la editorial, recuerdan que se publicó en 1991: “Fue nuestro primer libro, así que le tenemos mucho cariño, tanto por Miriam, como por lo que supuso para nosotros. Aún hoy, 35 años después, sigue siendo nuestro buque insignia, nuestro referente. Oficialmente hemos indicado 10 ediciones, pero son más ya que desde el año de su publicación, cuando aún se hacía todo casi manualmente, se reimprimió a menudo. Calculamos unos 30.000 o 35.000 ejemplares vendidos; quizás más ya que las tiradas entonces eran de 3.000 a 5.000 ejemplares”.

La obra póstuma de la navarra Miriam García Pascual es mucho más que un libro de relatos de montaña. “Es un libro de vida”, resume Bedia. Es su testamento escrito a modo de diario durante un viaje de ocho meses por América que llevó a cabo entre 1987 y 1988 y que discurrió entre las paredes de Yosemite y las de Patagonia, pasando por los Andes Peruanos y por México… y gastando en total unas 350.000 pesetas (2.100 euros aproximadamente). El texto, perfectamente ilustrado por su amiga Mónica Serentill, propone un trabajo de introspección enmarcado en el mundo del alpinismo. Miriam formula preguntas y busca respuestas mientras acomete ascensiones de vanguardia. “Ante todo, Miriam era una mujer libre. No conocía barreras, ni en lo referido al alpinismo ni en las relaciones con los hombres. Pero atesoraba más virtudes que la mayoría de los hombres. Ella quería exprimir a tope la vida, sin líos, sin ataduras, siempre con la libertad como condición”, explica Bedia. El paso del tiempo no ha servido para contradecir la imagen que el libro propone: ella fue exactamente lo que el libro refleja, y por ello las personas que la conocieron y trataron pueden reconocerla a través de su lectura. Lo que no sabía casi nadie era que fuese capaz de escribir así.

A finales de los años 80, no todo resultaba sencillo para Miriam, ni siquiera saberse libre. Bájame una estrella ahonda en temas universales abordados por la literatura como el miedo, la soledad, el amor, la amistad o la búsqueda de una identidad propia lejos de la vida convencional. Hay placer y hay dolor. La huida libre tiene sus peajes. Hay certezas pero también dudas afiladas. Preguntas que nunca pudo responder. Para conmemorar el 25 aniversario de su muerte, Desnivel quiso destacar algunas de las frases del libro, de apenas 65 páginas, y escogió esta: “Elegí la libertad como compañera de viaje y ella no sabe de ternura y soledad”.
