Los Trump se frotan las manos con la licencia bancaria | Opinión

Hasta los pasos inteligentes de la Administración Trump hacia la desregulación financiera acaban derivando en terreno preocupante. La Oficina del Interventor de la Moneda (OCC) ha concedido su última licencia de banco fiduciario a una firma incipiente de tecnología financiera, dentro de una iniciativa sensata para dar a los recién llegados más opciones de plantar cara a los actores establecidos. Apenas unos días después de rechazar las solicitudes de varias start-ups extranjeras, la beneficiaria del viernes fue World Liberty Financial, un proyecto de criptomonedas respaldado por la primera familia de Estados Unidos.
La aprobación provisional permite a World Liberty emitir sus propias stablecoins, custodiar activos de clientes y liquidar pagos. Este tipo de licencias para aspirantes a banco han sido escasas desde la crisis financiera. Bien hecho, sin embargo, el proceso puede añadir competencia, impulsar nuevos servicios y reforzar la supervisión regulatoria. Dar poder a una compañía participada en un 38% por una entidad vinculada al presidente Donald Trump y sus familiares socava esos beneficios.
World Liberty tiene muchos aspectos inquietantes. Canalizó más de 1.300 millones de euros hacia los Trump, en buena parte procedentes de la venta de tokens que han dejado a numerosos inversores minoristas con pérdidas, según una investigación de Reuters publicada en junio. Un informe posterior, de la semana pasada, señalaba que hacía negocios con empresas chinas de inteligencia artificial señaladas por la Casa Blanca por motivos de seguridad.
Además de los conflictos de interés más generales que implica que el Gobierno proteja a los clientes de un banco participado en parte por el presidente del país, World Liberty parece presentar algunas de las mismas características que llevaron a la OCC a denegar la licencia a otras firmas. A principios de este mes, por ejemplo, el organismo dio la espalda a la fintech neerlandesa Bunq alegando su falta de experiencia bancaria en Estados Unidos.
Solo la directora jurídica de World Liberty tiene una experiencia sectorial reseñable, en Robinhood Markets y Charles Schwab. Ninguno de los directivos o consejeros nombrados ha dirigido una entidad de crédito regulada. Zach Witkoff, director de desarrollo de la compañía e hijo del enviado de Trump a Oriente Medio, Steve Witkoff, pasó menos de dos años en Wells Fargo como miembro júnior de su equipo de préstamos a inmuebles comerciales.
La OCC también rechazó a la británica Wise, en parte por las deficiencias de sus controles antiblanqueo. La propia World Liberty recibió 86 millones de euros de un empresario británico investigado por blanqueo de capitales, según informó The New York Times a principios de mes. Wise, Bunq y otras pueden volver a solicitarlo. La Administración Trump ha negado que exista conflicto alguno con World Liberty.
Estados Unidos necesita desde hace tiempo más competencia en su banca. Antes de 2008, las autoridades aprobaban con regularidad decenas de nuevas entidades financieras reguladas; entre 2009 y 2024 autorizaron menos de 50. En ese periodo, JPMorgan y sus competidores se hicieron más grandes, a menudo mientras pagaban a los depositantes casi nada por sus ahorros. La sacudida bancaria de Trump, sin embargo, está creando al menos tantos pasivos como activos.
