Las idas y venidas de la regulación cripto exponen el embrollo de la supervisión europea

Europa debate desde hace años sobre cómo impulsar el mercado único, un asunto que se ha convertido en una prioridad en un momento de tensiones geopolíticas y vientos de inestabilidad. Una de las vías para hacerlo pasa por una vigilancia uniforme del mercado, para evitar el arbitraje regulatorio. Los informes de Enrico Letta y Mario Draghi ya sugerían en 2024 dotar de superpoderes a la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA) para vigilar a las grandes infraestructuras del mercado. Y en la era de los activos digitales, se ha planteado que los grandes conglomerados cripto también sean vigilados por el organismo europeo. Pero el debate actual sobre cómo poner en práctica esta supervisión centralizada es todo menos sencillo: si por un lado se quiere poner fin a un control desigual, por otro se corre el riesgo de generar más fragmentación y duplicidades.
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Supervisión dual
La posibilidad de que una misma empresa quede sometida a varios supervisores no es solo un escenario hipotético. Ya está ocurriendo. La Autoridad Bancaria Europea (EBA) clasificó recientemente a USDC, emitida por Circle, como la primera stablecoin significativa regulada en la UE. Por ello, a partir del 12 de noviembre, el token queda sujeto a una supervisión dual tal y como requiere MiCA: la EBA supervisará directamente los fondos propios, la reserva de activos, los requisitos de liquidez y los planes de recuperación y reembolso, mientras el supervisor bancario francés será responsable de aspectos como la gobernanza, las participaciones significativas o los conflictos de interés.
