Lamine Yamal, el 10 que nunca se escaquea | Fútbol | Deportes
Aun cuando todavía se duda sobre su mayoría de edad, Lamine Yamal se ha comportado hasta ahora como un futbolista responsable y un ciudadano adulto, tan alejado de las plagas bíblicas anunciadas por los inquisidores que en su fiesta del 18 cumpleaños denunciaron las ínfulas y el exhibicionismo propios de un nuevo rico como cumplidor con los intereses de la selección y del FC Barcelona. El delantero ha sido igual de sensible con su club que con la federación si se tiene en cuenta el inédito parte médico emitido después de su la última lesión sufrida en el partido contra el Celta. No podrá jugar con el equipo azulgrana en las últimas jornadas de Liga, después de dejar al equipo líder con una diferencia a favor de nueve puntos a falta de 18 por disputar, y estará disponible para la disputa de la Copa del Mundo en la que su presencia es indispensable para las aspiraciones de España.
Lamine ha sido la garantía azulgrana para alcanzar la cabeza de la Liga después de la dimisión de Lewandowski, las lesiones de Raphinha y el quiero y no puedo de Pedri. El extremo actuó como el jugador más regular y también el más desequilibrante desde que Flick llegara la pasada temporada al Camp Nou. El compromiso con el equipo ha sido tan irreprochable como su responsabilidad, decisivo en momentos cruciales como el del miércoles, cuando forzó y transformó el penalti que dio la victoria al Barça. El 10 se dejó la pierna izquierda en un gol que sitúa a los azulgranas en una posición inmejorable para revalidar el título a falta de enfrentarse a Getafe, Osasuna, Madrid, Alavés, Betis y Valencia. Aunque el clásico no será el mismo sin Lamine, el Barça ya sabe que se deberá aplicar colectivamente para confirmar su condición de número uno.
Los azulgranas pueden acabar bien la Liga sin su 10 mientras que la selección necesita a Lamine en plena forma para aspirar al título en el Mundial. Así se explica que no se plantee por ahora una recuperación forzada del delantero en las filas azulgranas a fin de mejorar su puesta a punto para la formación que dirige De la Fuente. El vínculo de Lamine con la selección está igualmente fuera de duda desde que renunció a ser internacional por Marruecos. El 10 ha aguantado sin ningún desplante los cánticos racistas recibidos como barcelonista en los diferentes campos españoles y contestó un día después a los gritos de “musulmán el que no bote” coreados en el amistoso España-Egipto celebrado en el RCDE Stadium.
Los aficionados saben desde finales de la temporada pasada que los retos de Lamine eran la conquista de la Champions y del Mundial. Una vez eliminados los azulgranas de la competición europea por el Atlético, las aspiraciones del 10 se concretan en la selección que competirá en la Copa del Mundo. El torneo se presenta como capital para la carrera de un jugador candidato a corto plazo al Balón de Oro. Una meta que ya no es una quimera si se tiene en cuenta la manera en que ha dignificado la zamarra con el 10 que tanto pesó a Ansu Fati, condicionado por las lesiones, después de asumir la carga de Leo Messi, más interesado ahora mismo en el Cornellà que en el Barcelona.

El universo barcelonista gira hoy alrededor de Lamine de la misma manera que la selección se sabe dependiente del 10. La importancia del jugador obliga a actuar con cautela o, si se quiere, por aplicar un método conservador y no agresivo, intentar asegurar su recuperación para el Mundial y, por extensión, su plena participación en la próxima pretemporada del Barcelona. El timing marcado por los médicos será tan importante como el comportamiento de Lamine. No conviene forzar, sino que se impone acompañar, para llegar al fin del mundo con un delantero diferencial de la calidad de Lamine.
El proceso está amenazado por la impaciencia y queda supeditado a las sensaciones de un futbolista cumplidor con las recomendaciones médicas si se atiende al comportamiento que ha tenido con lesiones como la pubalgia que amenazó su actuación en la temporada 2025-2026. Lamine respondió con la misma madurez con la que afronta la dolencia en el bíceps femoral de la pierna izquierda, el percutor del 10, infalible también contra el Celta. La singularidad del futbolista quedó de manifiesto cuando se rompió en el momento de marcar el gol de penalti que permitió la victoria del Barça. No hubo simulación ni engaño, sino que el tiro fue tan seco, duro y preciso que no admitió réplica del portero del equipo de Vigo.
La zurda se quebró por la tensión del momento, por la carga de partidos y porque el jugador no administró su esfuerzo, deseoso de jugar siempre y sabedor también de que el público paga por ver sus goles incluso en los amistosos de España. La nobleza y naturalidad de Lamine demandan la compresión más que la fiscalización de su proceso de curación, de manera que no procede la preocupación, sino la confianza en quien sabe cuidar de sí mismo mucho antes de cumplir los 18. Nunca se escaquea.
