La madurez de Lamine marca el tono de una producción burocrática: análisis uno por uno de los jugadores de la Selección ante Bélgica | Mundial 2026 de Fútbol

Frente a una Bélgica que se desintegraba sin Onana, sin Tielemans, y sin su gran jefe, el portero Courtois, la selección de España pareció reconocer la línea invisible que separa la autoestima de la vanidad, el optimismo de la alucinación, y el cálculo de la improvisación desesperada. Como contra Portugal, mantuvo un pulso de corte burocrático. Todos, salvo Cubarsí en el gol encajado, cumplieron. Nadie hizo un partido deslumbrante, en cualquier caso. Tampoco Lamine Yamal, el futbolista más dotado del equipo. El papel heroico correspondió al paciente Mikel Merino.
Unai Simón. El gol que le metió De Ketelaere fue el primero que le hicieron en esta Copa del Mundo. El 0-1 interrumpió la racha de imbatibilidad más larga de la historia de un portero en los Mundiales: 650 minutos. Además del cabezazo de De Ketelaere no tuvo mucho más trabajo en un partido con más accidentes que épica en las áreas. Su juego con los pies provocó algún sobresalto.
Porro. Fue uno de los mejores jugadores de España. Su magisterio en el marcaje de Doku merece capítulo aparte. Pocos extremos poseen más recursos que el poderoso atacante del City. El lateral español no le permitió girarse ni una vez. Cuando subió al ataque lo hizo con gran inteligencia. Un pase suyo a Olmo desde la línea de fondo desencadenó la jugada del primer gol.
Cubarsí. No pudo con Charles De Ketelaere. El atacante del Atalanta se hizo célebre porque hasta bien entrada su adolescencia se empeñó en ser tenista. Después de muchos esfuerzos, su familia logró convencerlo de que se inclinara por el fútbol. Fue un centrocampista de índole contemplativa hasta que hace dos años lo reconvirtieron en delantero centro. Con esos rudimentos se anticipó a Cubarsí para rematar de cabeza el 1-1.
Laporte. El líder de la defensa española demostró su carácter de imprescindible. Movió la línea con solvencia. Ganó todos sus duelos. Anuló a De Ketelaere, a Lukaku y a De Bruyne en un partido en el que España apenas fue amenazada.
Cucurella. El lateral izquierdo más enérgico que le queda al torneo atravesó el partido como quien pasa por un proceso administrativo sin incidencias. Estuvo ligeramente desconectado en el centro de Castagne que precipitó el 1-1.
Rodri. El mediocentro más influyente del Mundial se ajustó los calzones por encima del ombligo, a lo John Wayne, y se adueñó del partido según su costumbre. No tuvo mucho trabajo frente a un rival en retroceso. A Bélgica se le lesionaron Onana y Tielemans, sus pivotes titulares, y el capitán de España se encontró con tierra quemada. Los rivales se replegaron a esperar y Rodri administró el balón hasta rozar el monopolio.
Fabián. Jugador estructural. No se sabe por qué De la Fuente lo degradó al banquillo después del empate contra Cabo Verde. Tampoco explicó el seleccionador por qué ayer lo restituyó, y mucho menos, por qué fue precisamente para ocupar el lugar de Pedri, el centrocampista más creativo de la selección. El volante del PSG proporciona estabilidad y orden al juego del equipo. Contra Bélgica se mostró preciso y oportuno. Hizo el gol que abrió el marcador y fue reemplazado en el minuto 55 por Pedri. La carambola de cambios tácticos señaló las tribulaciones de De la Fuente.
Olmo. El gran privilegiado del sistema de De la Fuente. Es el mediapunta que opera libre de cargas por delante de los dos pivotes que barren y ordenan a su espalda. Pedri y Fabián se fajan para que él brille. Contra Bélgica, solo bajó a pedir la pelota al centro del campo cuando descubrió que los interiores rivales no apretaban y De Bruyne no podía presionar. Intentó dar el último pase sin éxito. Remató al muñeco en la acción que despejó Courtois antes de que Fabián enganchara el 1-0.
Yamal. La estrella de España ofició de futbolista maduro. Su actividad fue ininterrumpida. Bajó a ayudar a Porro en las incursiones de Doku y De Cuyper, la pareja de banda más peligrosa que ha enfrentado la selección en lo que va de torneo. Si le reclamaron en el mediocampo, actuó con criterio y generosidad. En las inmediaciones del área se mostró infatigable y certero para elegir cuándo asumir riesgos. Pero su batería de gambetas siempre se topó con una escalera de marcadores. Mechele, De Cuyper y Raskin no le concedieron ni un centímetro. Cuando los superó se encontró con Courtois. El portero le paró dos remates.
Oyarzabal. El punta de la selección fue víctima del embotellamiento. A falta de los lesionados Onana y Tielemans, sus pivotes conductores, Bélgica procuró compensar la falta de orden defensivo juntando muchos futbolistas en la frontal de su área. Oyarzabal se vio atrapado en un bosque de adversarios y compañeros. Olmo le pisó el terreno alguna vez. Yamal lo habilitó en un mano a mano que Courtois despejó a córner. Fue su mejor ocasión antes de que De la Fuente lo sustituyera por Nico.
Baena. Difuso. No supo aprovechar la laxitud de los interiores belgas. Sus intervenciones en el mediocampo en la primera parte, en donde aprovechó la actitud contemplativa de Vanaken, se espaciaron. Pasó inadvertido.
Merino. El llegador oficial de España. Apareció en el minuto 91 para fulminar a Portugal y liquidó a Bélgica en el 88 aprovechando los temblores del portero suplente. Senne Lammens, que acababa de sustituir a Courtois, fue incapaz de hacerse con un balón rematado a 30 metros por Cubarsí. El balón rebotado en el área chica fue un regalo inolvidable para Merino, que se emboscó a la espera del error. El 2-1 fue su premio.
Pedri. Fue suplente. Jugó casi toda la segunda mitad. Demostró que incluso en su peor versión resulta fundamental.
Ferran Torres. Sustituyó a Baena en el minuto 55. Con su inclusión, De la Fuente procuró desconcertar a los centrales belgas, demasiado cómodos en el bloque bajo. Se movió por todo el frente del ataque. Sus intervenciones fueron claroscuros.
