La IA quiere el dinero de los inversores, pero no sus opiniones

La revolución de la IA y el salto a Bolsa de sus grandes protagonistas, SpaceX, Anthropic y OpenAI, están removiendo los cimientos de la democracia capitalista. El debut de las dos primeras compañías en el parqué, que supondrá la colocación de grandes cantidades de acciones en el mercado, viene acompañado de una transformación de la gobernanza empresarial que aparca el principio de una acción, un voto para otorgar un mayor peso a sus fundadores. Un modelo de gobernanza que provoca recelos entre los grandes inversores institucionales, al limitar sustancialmente la capacidad de los accionistas para participar en las decisiones de estas empresas. Todo para el inversor, pero sin el inversor.
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