La cara B del ‘skyline’ de Nueva York: viviendas sociales que se caen a pedazos | Carta del corresponsal

Aunque en el skyline de Nueva York sólo parezca haber lugar para los rascacielos de lujo —edificios lápiz, llaman a los más modernos, tan exclusivos que sólo ofrecen un apartamento por planta—, la suerte de las viviendas sociales se debate entre la necesidad y la ruina, en la más amplia acepción de la palabra. La ciudad, a través de la agencia municipal NYCHA, ​proporciona alquileres reducidos a residentes de bajos y medios ingresos desde los años treinta del pasado siglo y en la actualidad alberga a 298.206 personas en 152.926 apartamentos, distribuidos en 243 complejos residenciales, los popularmente conocidos como projects. Es decir, casi uno de cada 20 neoyorquinos, en su mayoría afroamericanos y latinos.

El Ayuntamiento es el mayor propietario de viviendas en la ciudad, pero la fuerte demanda, con listas de espera interminables por la imposibilidad para muchos de acceder al mercado de renta libre, y los problemas de gestión y mantenimiento que provocan edificios baratos construidos hace décadas, se conjuran para entorpecer aún más el acceso. Si a eso se suman corruptelas para favorecer contratos o, literalmente, la ruina material de alguno de esos edificios, como el desplome parcial de uno en el Bronx, el panorama resulta desalentador, máxime cuando en el mercado libre el alquiler promedio superó los 5.000 dólares en marzo en Manhattan (el distrito más caro).

El estado de muchos de estos edificios, reconocibles por la lóbrega apariencia de su ladrillo parduzco, es tan calamitoso que la agencia se plantea su demolición, porque resulta más asequible que la reforma (Nueva York es la ciudad de los rascacielos, pero también la de los andamios de reparaciones sin fin). Es el caso de cuatro projects en Chelsea, administrados por la ciudad desde 1947 y abandonados a su suerte. Sus condiciones son tan precarias, y las reparaciones, tan costosas, que la ciudad planea demolerlos para construirlos de nuevo. A diferencia de otros lugares en EE UU, en Nueva York esta intervención sería la primera, pero a la novedad se le añade la ambición inmobiliaria: Chelsea es una zona muy apetecible, y el mercado se ha lanzado en plancha sobre la posibilidad de unos solares vacíos.

El plan, con un presupuesto de 1.200 millones de dólares, contempla reemplazar los 17 edificios de apartamentos del complejo de Chelsea por seis rascacielos, permitiendo a los residentes actuales mudarse a ellos. Pero, para que las cuentas cuadren, la ciudad pretende incorporar al complejo social nueve edificios nuevos para rentas mixtas, con un millar de apartamentos de precio medio y 2.400 unidades de lujo para las más altas. Los promotores, una de las firmas más prestigiosas de la Gran Manzana y artífices de la gran remodelación de Hudson Yards, se frotan las manos.

Oposición

El alcalde, Zohran Mamdani, que ganó las elecciones prometiendo hacer asequible la ciudad a sus habitantes —en especial la vivienda—, defiende la intervención, aunque ello suponga entregarse al mercado, algo que le reprochan sus críticos. Vecinos y grupos de activistas se oponen a la demolición, que un juez ha dejado en suspenso al menos hasta junio en respuesta a una de las dos demandas presentadas contra el proyecto. El desenlace del contencioso podría determinar el futuro de un sistema de vivienda pública que alberga a más personas que la población total de Pittsburgh, en una ciudad donde, pese al ciego resplandor de sus rascacielos, cerca de 65.000 hogares reciben un vale que cubre el 70% de su alquiler, lo que, en la práctica, evita que terminen en la calle. Otros 5.000 hogares se han quedado sin la ayuda federal por la pandemia, y su supervivencia pende hoy de un hilo.

De los 13.000 inmuebles de la ciudad con un valor superior a los cinco millones de dólares, y que permanecen vacíos la mayor parte del año —suelen ser segundas residencias para millonarios de paso—, la ciudad espera recaudar 500 millones de dólares al año mediante un impuesto progresivo —en función del precio del inmueble— recién presentado. Peanuts, como se dice en inglés, una miseria para la acuciante crisis de la vivienda en la ciudad de los rascacielos.

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