La Bolsa no tiene oráculo
De Delfos nos ha fascinado siempre el oráculo: la voz enigmática de la Pitia, las predicciones ambiguas, la promesa de arrancarle al futuro alguno de sus secretos. En cambio, hemos prestado menos atención a lo que estaba escrito en su templo, el templo de Apolo: unas máximas breves, casi severas, que no pretendían anticipar lo que iba a ocurrir, sino preparar al hombre para afrontarlo con más sabiduría.
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