Jaque mortal a LIV Golf: el Fondo Soberano Saudí estudia retirar la financiación a la Liga | Deportes
Nació gracias al dinero y por culpa del dinero puede morir. LIV, la Liga saudí de golf, ve peligrar su existencia. El Fondo Soberano Saudí, PIF, que ha inyectado miles de millones de dólares para crear esta rompedora competición, estudia cerrar el grifo del petróleo. Y sin esa financiación, el circuito tendría los días contados. La poca rentabilidad de la Liga y la ausencia de una gran repercusión deportiva se han unido a la situación geopolítica para convencer al gobierno saudí de cerrar esa carpeta y apuntar a otras inversiones como el Mundial de fútbol de 2034.
Según la cadena Fox, propietaria de los derechos televisivos de LIV en Estados Unidos, el circuito completará el resto del curso (este jueves empezó en México el sexto torneo de la quinta temporada) y bajará la persiana después. Scott O’Neill, el CEO de la Liga, ha confirmado en un correo a los jugadores la supervivencia durante 2026, pero sin más promesas. Atrás queda un deporte dividido entre quienes cambiaron de bando y quienes permanecieron en los circuitos clásicos, una ruptura que ha condenado al aficionado a ver a todas las estrellas juntas solo en los cuatro grandes en lugar de cada semana.

La revolución estalló en junio de 2022. LIV rompió el mercado con nuevas normas (54 jugadores, tres rondas, sin corte y con música en el campo), una primera edición de siete torneos, 255 millones de dólares en premios y fichajes a golpe de talonario como Dustin Johnson, Phil Mickelson y Sergio García. Les siguieron Bryson DeChambeau y Brooks Koepka y más tarde Cameron Smith y Jon Rahm, el último pez gordo, en diciembre de 2023. Desde entonces el álbum de cromos no ha registrado ninguna gran contratación y el producto no ha despegado como se esperaba.
LIV es lo que es. Las audiencias y contratos televisivos en EE UU, el gran mercado, han sido raquíticos en comparación con el PGA Tour y la asistencia de público a los torneos, salvo excepciones como Adelaida y Sudáfrica, tampoco ha cubierto las expectativas pese a las aspiraciones de ser un circuito global. Deportivamente, el hecho de competir en una Liga cerrada, con el contrato asegurado, menor competencia y un ambiente más lúdico ha creado un entorno menos competitivo para sus jugadores. Solo Koepka (PGA 2023) y DeChambeau (US Open 2024) han ganado grandes estando en sus filas. Cameron Smith, que llegó como número dos mundial y campeón del Open Británico, ha desaparecido del mapa. Koepka ha hecho las maletas y ha vuelto al circuito americano, y Patrick Reed ha emigrado al europeo.
Rahm, ganador del Masters el año de su fichaje, no es el grandísimo jugador que era, un gigante que discutía el número uno del mundo. LIV se le queda muy pequeña.
El sello de identidad de la Liga, allí donde ha marcado la diferencia, es el golf por equipos. A cambio, y en su búsqueda de aceptación por parte del golf mundial, LIV ha dejado de ser LIV desde que aceptó cambiar de 54 hoyos (de ahí su nombre, LIV es 54 en números romanos) y tres rondas a los tradicionales 72 y cuatro vueltas por un puñado de puntos del ranking. Le falta establecer un corte en los torneos y un sistema más meritocrático de ascensos y descensos para asemejarse a los grandes circuitos. LIV se ha movido entre lo que pretendía ser, un producto revolucionario, y lo que pretendía conseguir, que sus jugadores disfrutaran de todas las ventajas del sistema ya establecido.
En ese camino de transformación, el dinero ha salido a chorros. Desde su nacimiento, LIV ha repartido solo en premios más de 1.500 millones de dólares. Rahm, ganador de la clasificación individual las dos temporadas que ha jugado y líder en esta, es quien más ha ingresado, 87,7 millones, por los 71,6 del chileno Joaquín Niemann y los 68,7 del estadounidense Talor Gooch. Y ello sin contar los suculentos contratos por sus fichajes. El español firmó por unos 300 millones más una participación de su equipo, Legion XIII. “El dinero es una de las razones por las que he tomado esta decisión”, afirmó. En respuesta, el PGA Tour engordó los cheques.
El derroche saudí no ha tenido retorno. Entre 2022 y 2024, el déficit superó los 1.460 millones de dólares en una sucesión constante de pérdidas: 324, 527, 615. La competición no es rentable.
El futuro de los 57 jugadores de la Liga saudí quedará en el aire si el negocio confirma su defunción. Entre los cinco españoles, solo David Puig tiene tarjeta del circuito europeo y por lo tanto una salida clara. Sergio García, Josele Ballester y Luis Masaveu no son miembros y por ahora solo podrían refugiarse en el Asian Tour. Y la gran estrella, Jon Rahm, debe pagar las multas acumuladas, en torno a los tres millones, si pretende mantener su membresía, disputar sus competiciones y ser elegible para la Ryder. El vasco rechazó el acuerdo que le ofrecía el DP World Tour, y que sí firmaron ocho jugadores de LIV, para cerrar esa cuenta y alistarse sin más castigos en la Liga saudí a cambio de jugar seis torneos del circuito europeo este curso. Rahm solo acepta el mínimo de cuatro y las negociaciones continúan. El español también dijo que no a la vía Koepka, el regreso a casa que le ofreció el circuito americano en las mismas condiciones económicas y deportivas que el estadounidense. Rahm se remitió a su contrato con LIV. El ganador de dos grandes no ha tomado la mano del PGA Tour ni la del circuito europeo y ahora el maná saudí se agota. La gran revolución del golf se acerca a su final.
