El calor azota Roland Garros: bolas que vuelan, efectos que se multiplican y tenistas adaptándose

Empieza y termina el día con el impacto del sol, pegando otra vez con fuerza —pico de 33º en el distrito XVI de París, víctima también de la “cúpula de calor” que azota a Europa occidental— y achicharrando a público, tenistas y todo aquello a lo que no alcanza la sombra en Roland Garros. Que se le pregunten si no a Daniil Medvedev, al que de por sí no le acaba de gustar mucho esto de la tierra y que una vez visto el panorama, casi agradece la despedida. Ahora bien, por la puerta de atrás. Ya costumbre. Por séptima vez en diez años, el ruso enfila la salida en la primera ronda y durante el pulso con Adam Walton, 6-2, 1-6, 6-1, 1-6 y 6-4 para el australiano, mantiene un gracioso intercambio dialéctico con su esposa. Daria es madre de una hija de tres años, de otro de dos y de uno más… de 30. Imposible no quererlo. Así es él.
