Crecimiento sin bienestar no es progresista | Opinión

La presidencia de Sánchez aprovecha la ola larga de crecimiento de la economía española iniciada en 2013, tras la crisis financiera y del euro. Durante los ocho años de presidencia de Pedro Sánchez, el crecimiento real acumulado ha sido superior al 11%, por encima de la media europea. Pero si comparamos los períodos 2013-2018 y 2018-2025, el resultado sale algo más positivo para los años de presidencia de Rajoy: el PIB crece, en promedio anual, un 2,2% frente al 1,7% con el Gobierno de Sánchez y el aumento de ocupados según la EPA es también superior (470.000 ocupados/año, frente a 430.000).

Pero no todos los ciudadanos se han visto favorecidos por igual bajo el “Gobierno más progresista de la historia”: mientras que los beneficios empresariales crecían, en términos reales, un 15% de media, los salarios se mantenían estancados en términos reales, a la vez que el esfuerzo fiscal de los hogares crecía, desproporcionadamente, por la negativa antisocial del Gobierno a deflactar la tarifa del IRPF. Aunque hay tres millones más de ocupados, el número de parados ha disminuido en menos de un millón y seguimos con una tasa de paro juvenil del 25%. Bajo el Gobierno progresista y a pesar del fuerte crecimiento económico, la tasa de pobreza (Arope) apenas si ha bajado unas décimas y la pobreza infantil ha subido, pese a la puesta en marcha, fallida, del Ingreso Mínimo Vital.

El aumento de ocupados no ha impedido, por primera vez en nuestra historia reciente, que la renta per cápita experimente un alza, recortando la distancia con Europa, a pesar de no compensar, todavía, la fuerte caída experimentada tras la crisis financiera de 2008. La reforma del mercado de trabajo ha trasladado la precariedad, sin reducirla, desde el contrato temporal al trabajo a tiempo parcial y al fijo discontinuo, dando lugar a la aparición de trabajadores pobres (el 18%, según Cáritas). Tres datos ejemplifican esta nueva precariedad laboral: durante lo que llevamos de 2026, se han realizado más de nueve millones de contratos, cifra récord, de los cuales un 59% siguen siendo temporales y un 44% corresponden a contratos a tiempo parcial o fijos discontinuos. Segundo, las horas efectivas anuales por asalariado han bajado entre 2018 y 2025. Trabaja más gente, pero, en conjunto, se trabajan menos horas. En eso consiste la nueva precariedad laboral. Tercero, si tenemos en cuenta que el coste del acceso a la vivienda en España absorbe hoy, de media, un 50% del sueldo, la pobreza oculta entre trabajadores aumenta unos cuatro puntos porcentuales, según Fedea.

Con una Bolsa batiendo récords al alza y un aumento medio de la vivienda del 40% durante el periodo, la riqueza financiera de las familias (principal indicador, hoy, de desigualdad social) prácticamente se ha duplicado, situando la ratio riqueza/PIB en el 155%. La brecha generacional claramente se ha ensanchado en estos años por el acceso a la vivienda, pero también porque las pensiones sí han ganado poder adquisitivo gracias a su revalorización por ley, mientras que el salario de los menores de 25 años se mantiene estancado, en términos reales, pese al aumento del salario mínimo, por la temporalidad y la jornada parcial.

La política económica seguida por los Gobiernos “progresistas” de Sánchez, sumando lo hecho (planes anticrisis de apoyo a precios), lo no hecho (reforma fiscal, construcción de viviendas, prestación universal por crianza) y lo hecho mal (IMV, reforma laboral), ha beneficiado, claramente, a los ricos, a los empresarios y a los pensionistas. El resto de la ciudadanía apenas si se ha beneficiado del fuerte crecimiento económico, dado que los servicios públicos tampoco han mejorado sus prestaciones (listas de espera en sanidad o suspenso en educación en PISA), ni las infraestructuras han subsanado sus deficiencias (carreteras, trenes, agua, etc.), ni la prevención de riesgos, como incendios o inundaciones, ha contado con el apoyo financiero y legislativo exigido.

Redistribución pendiente

Cuando una economía crece y más de la mitad de sus ciudadanos no ve mejorado su poder adquisitivo ni su bienestar, es que faltan políticas de redistribución. Un dato más: el porcentaje de familias que no tienen capacidad para afrontar gastos imprevistos (36%), así como el de las que no se pueden permitir ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana (34%), son ahora prácticamente los mismos que en 2018, según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE.

En estos estertores finales de la legislatura, hemos tenido una magnífica noticia sobre la mejora en las condiciones de vida de unos cinco millones de españoles y sus familias: la definitiva aprobación por el Congreso de la reforma de las leyes de dependencia y discapacidad que, siendo imprescindible, el ministro Bustinduy definió como una “refundación” del sistema de cuidados, con más servicios, más prestaciones, menos burocracia y 6.200 millones de euros más de financiación en dos años. Se espera con ello, además, que desaparezcan las listas de espera.

En estos ocho años, la economía española, además de crecer y crear empleo, aunque precario, ha experimentado cambios estructurales de cierto calado, como señalan desde el Banco de España en su Documento Ocasional 2614, donde se analizan las fuentes de dicho crecimiento en las dos fases del período largo 2000-2025. Según el documento, a partir de 2013, la inmigración y la creación de empleo han sido el principal factor impulsor del crecimiento. En paralelo, se observa una mejora generalizada de la productividad, tanto la total como la cantidad por hora trabajada, sobre todo en sectores como actividades profesionales, comercio y actividades digitales. Ello permitió un aumento de la renta per cápita, recortando algo la brecha con Europa. El superávit por cuenta corriente en fase de crecimiento es otro cambio estructural debido al empuje del turismo y, sobre todo, por vez primera, de los servicios no turísticos. Con todo ello, la deuda de hogares y empresas se situó en mínimos históricos en el primer trimestre de este año.

Sí, la economía va como un cohete, pero para unos, más que para otros, porque han sobrado medidas populistas para el telediario y han faltado consistentes políticas socialdemócratas de redistribución.

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